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/ Orlando J. Icaza Gallard

Kryziu Kalnas

Una de las tantas y múltiples aberraciones que tiene el desgobierno de Ortega es el intento vano de destruir las cruces e imágenes de la Santísima Virgen María que el pueblo dolido ha colocado como símbolo de la resistencia para recordar los asesinatos de la policía y turbas de la Juventud Sandinista.

El filósofo y teólogo alemán Paul Tillich en su obra sobre la Teología de la cultura, señala que un símbolo va más allá de lo que es. Va hacia algo siempre misterioso e incuantificable.

En Lituania existe una colina llamada Kryziu Kalas o Colina de las Cruces. La visité de pura casualidad. En el grupo que andaba, había una joven de origen lituano que le pidió al guía que se parara en ese lugar para colocar una cruz. Lo había prometido a su abuela y llegaba desde Australia. Su ancestro había sufrido, a como nuestros jóvenes de ahora, el crimen genocida de los que creen que el socialismo lo es todo aun cuando tengan que matar a su propia madre e ir al entierro a llorarla.

La colina existe desde la cristianización de Lituania en el siglo XIV. El lugar era pagano. Los lituanos colocaron cruces como un símbolo de la victoria contra el mal.

También fue un lugar donde se ponían cruces en honor a los asesinados por el Zar ruso en 1831. Luego, los comunista quisieron destruirla. Quitaban las cruces pero al día siguiente, perdiendo el miedo al terror estalinista, los lituanos colocaban el doble. No pudieron doblegar a un pueblo sufrido que ya había hecho del lugar una identidad religiosa, nacional y cultural.

Juan Pablo II el 7 de septiembre de 1993 colocó una cruz en esa colina después de haber profetizado en la Catedral de la Asunción de María de Vilna que el comunismo iba a caer. Allí hay millones de cruces de todo tamaño, color y contextura y además imágenes de María para más dolor de satanás y sus secuaces.

Las cruces de la Paul Genie, que representan a nuestros jóvenes masacrados por las turbas genocidas, no podrán ser arrancadas, ni a nuestra Virgen María tampoco, por mucho que quieran disimular colocando imágenes de la Virgen siguiendo instrucciones maquiavélicas para confundir más a nuestro pueblo. Igual a los lituanos, si arrancan una, se les pondrán dos, cuatro, cientos, miles, millones de cruces.

Así la historia marcará con ellas un símbolo luminoso que acompañado de nuestro azul y blanco jamás pueda ser borrado. Y puedan las futuras generaciones no olvidar la saña, lo canalla y lo vil con que un régimen déspota y cruel que haciéndose pasar de pacífico, secuestró a Nicaragua al mejor estilo de Al Capone.

Que también recuerden al ver esas cruces, aquellos que callaron con pretextos hipócritas de mantener el orden y seguridad de la nación después de haber jurado defenderla sin haberlo hecho, permitiendo el asesinato y la tortura de nuestra juventud. Ignominia que por el resto de la historia y en la sangre de sus hijos y generaciones cargarán como infamia cobarde por haber aceptado esos crímenes igual a que si los hubiesen cometido.

El autor es médico.

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