De Francia a Nicaragua, la revolución estudiantil

Los pueblos son como los volcanes, van con paciencia jobiana acumulando energía y de pronto estallan con una explosión de inconmensurables consecuencias. Es lo que ocurrió en Francia hace 50 años y lo que está ocurriendo en Nicaragua en la actualidad. La historia nos demuestra que lo mismo puede ocurrir contra un estadista como el general Charles de Gaulle, cuyas prácticas autocráticas empujaron al pueblo francés a rebelarse en 1968 en lo que se llamó la Revolución Estudiantil, que contra un dictador tropical como Daniel Ortega, cuyos agravios en contra de la población civil nicaragüense son infinitos.

Haciendo un paralelismo histórico entre lo ocurrido en Francia en mayo y junio de 1968 y lo ocurrido en Nicaragua en abril y mayo del 2018, podemos decir:

Ambos movimientos contestatarios fueron encabezados por estudiantes universitarios: los de Francia por los de Nanterre y luego La Sorbona y los de Nicaragua por los de la Upoli y luego la UNAN–Managua; ambos fueron espontáneos y comenzaron con demandas pequeñas, en Francia con la reforma universitaria hasta llegar a su cenit con la demanda de la renuncia de De Gaulle y en Nicaragua por la inacción del Gobierno en la quema de la Reserva Indio Maíz y por la reforma injusta e inconsulta del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), para culminar con el clamor popular exigiendo la renuncia inmediata del binomio Ortega- Murillo.

Ambos movimientos agarraron por sorpresa a sus respectivos gobiernos y la verdad es que ni los mismos protagonistas de las protestas como Daniel Cohn Bendit, se imaginaron que se desencadenaría una acción masiva de tal magnitud. Ambos movimientos tuvieron casi el unánime respaldo de la sociedad civil: los de Francia, aunque a desgano, del Partido Comunista Francés (PCF) y la Confederación General del Trabajo (CGT) que realizó la huelga general del 13 de mayo en la que participaron casi diez millones de trabajadores y los de Nicaragua que están siendo respaldados por la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN); por el Cosep; por el Movimiento de Campesinos Anticanal; por casi un centenar de ONG, y por las organizaciones reconocidas de Derechos Humanos.

Los resultados del triunfo estudiantil en Francia ya se conocen: la Reforma Universitaria; los acuerdos de Grenelle para los trabajadores, mediante el cual alcanzaron las mejoras salariales; semana de 40 horas y otras conquistas sociales de importancia vital. En lo político: el fin de la Quinta República presidida por De Gaulle.

Lo que hizo De Gaulle fue disolver la Asamblea Nacional de acuerdo con la Constitución de Francia y convocar a elecciones libres, como se acostumbra en ese país, dentro de cuarenta días, las que se llevaron a efecto los días 20 y 30 de junio de 1968. Ya debilitado De Gaulle por la presión popular convocó a un referéndum para 1969, en el que fue derrotado, poniendo así fin a su liderazgo personalista y arrastrando con él al gobierno autoritario de la Quinta República Francesa, sin derramamiento de sangre y sin la brutal represión.

Ya sabemos cómo terminó el movimiento de los autoconvocados bajo el liderazgo de estudiantil en Francia, pero no sabemos cómo va a terminar en Nicaragua, donde hay un dictador cavernícola que se niega a pensar con la cabeza y con el corazón. Está haciendo hasta lo imposible por evitar el diálogo nacional, porque sabe que esta vez bajo la supervisión del pueblo de Nicaragua, de los gobiernos y de la opinión pública internacional, tendrá que cumplir a lo que se comprometa, como en Esquipulas II, que derivó en el triunfo de doña Violeta Chamorro en 1990.

Por ironías del destino ocurren cosas como estas: A De Gaulle lo aplaudieron al principio, cuando entró a París al frente de los héroes de la Resistencia, después de ardua lucha por la liberación de Francia del dominio imperial nazi. Y miren lo que dice la historia: “El 26 de agosto de 1944 la multitud ovacionó como libertador en los Campos Elíseos, en París, al general Charles de Gaulle y el 30 de mayo de 1968 volvió a congregarse para pedir su cabeza”. Y se tuvo que ir. Ortega también fue ovacionado el 19 de julio de 1979 pero por los abusos cometidos en su trayectoria, también se tendrá que ir.

El autor es periodista y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).

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