Por donde se le vea, Shohei Ohtani ha sido un acierto en el engranaje de los Angelinos.
Su habilidad para trabajar en ambas funciones (lanzar y batear) ha hecho mejor al equipo de Anaheim y de paso ha dado a los aficionados una razón para emocionarse.
Su impacto va más allá de lo improductivo que ha sido en sus últimas dos salidas en su rol de abridor. Frente a los Astros duró 5.1 entradas de seis hits y cuatro carreras el martes. Antes, había salido en dos innings ante Boston, tras admitir cuatro hits y tres carreras.
Frente a los Astros batalló con el comando. Dio cinco bases, pero hizo 98 disparos, varios de ellos a 100 millas y dos a 101. Eso significa que el problema de la ampolla en su dedo ya desapareció. Así que debe volver a brillar.
Sus cifras como lanzador son muy decentes: 2-1 y 4.43 en 20.1 innings, con nueve bases y 26 ponches, más 1.13 de whip. Para un equipo como los Ángeles, que tiene a varios lanzadores lesionados, su llegada ha dado mucha estabilidad.
Y como bateador, no se ha quedado atrás. Resume .333 debido a 14 hits en 42 turnos. Anota cinco carreras y remolca 11 en 11 partidos. Tiene tres jonrones, con tres bases y 12 ponches.
Mike Scioscia cree tanto en él, que lo ha situado como cuarto bate en un line up en el que también están Albert Pujols y Mike Trout. Eso es magnífico si se considera que durante la primavera se dijo que parecía un bateador colegial y necesitado de un pulimento largo en las Menores.
No sabemos cómo podría terminar Ohtani, pero es difícil dudar de un talento de ese nivel. Hace envíos de 100 millas y varios de sus batazos salen a más de 100 millas, lo que habla del poder en general que tiene en su físico.
Japón ha enviado a joyas del nivel de Ichiro Suzuki, Hideki Matsui o Hideo Nomo, mientras Yu Darvish y Masahiro Tanaka escriben sus historias, pero Ohtani da la impresión que podría ser párrafo aparte.
Y agreguen a ello el entusiasmo que provoca entre los fanáticos, que llenan el Angel Stadium en cada aparción.