Al pensar en la palabra bastardo viene a mi cabeza la idea de un término jurídico obsoleto y en desuso, referido a toda persona cuyo nacimiento ha sido fuera del matrimonio. En los antiguos regímenes legales que imprimían orden social, el bastardo arrastraba de por vida una “mancha” y a diario se debatía en la búsqueda de su legitimidad: cómo adquirir valía social, por lo cual siempre cabía todo actuar para destacarse y ser al menos reconocido por su arrojo en la batalla, su calidad intelectual, o por el matrimonio con alguien que no le importó su calidad, pero que a cambio provenía de una familia de acrecentada economía. Los había, además, aquellos que cometían dantescos actos contra sus familiares especialmente contra los hijos del matrimonio de su progenitor, puesto que no dispensaban ni asimilaban su condición (Síndrome del Bastardo). Sea cual sea el contexto, el bastardo ansía el reconocimiento social y disimular al menos su condición de ilegítimo.
A pesar de lo pretérito del término, a diario advertimos actos propios de un bastardo afectado por el síndrome, que no asimila su origen ilegal y que a través de actos inverosímiles lucha por adquirir una legitimidad que no se le ha dado. Me refiero al gobierno del comandante Ortega. Así vemos que en los últimos once años, los nicaragüenses hemos experimentado como hijos legítimos los embates, abusos y antojadizo actuar del gobierno del comandante, quien ejerce un autoritarismo con barato maquillaje de democracia.
Cooptó por cualquier vía a los poderes del Estado, dominando totalmente el Consejo Supremo Electoral que con el omitido Roberto Rivas a la cabeza, ha sido el autor intelectual y material de los robos eleccionarios desde el 2008 que le han permitido garantizarse mayoría parlamentaria.
Los cuerpos castrenses, Policía Nacional y el Ejército de Nicaragua, seriamente cuestionados en sus funciones en pro de la seguridad del pueblo según los obliga la Constitución Política, son usados como brazo represor y hasta en labores domésticas de altos funcionarios del régimen, a ambos órganos les impuso bastardamente la continuidad de sus directores.
Irrespeto total, manoseo y violaciones de todo tipo a las leyes de la República, siendo un emblemático acto bastardo la declaración de inconstitucionalidad del arto. 147 de la Constitución Política que prohibía la reelección, por parte de la dominada Corte Suprema de Justicia. Esta ha sido medio para eliminar partidos políticos, para rechazar recursos por inconstitucionalidad contra leyes aprobadas, para engavetar y retardar recursos de amparo contra actos evidentes y violatorios a los derechos ciudadanos, de utilización de procesos penales para controlar y enmudecer voces de líderes opositores.
En el año 2014 una dominada Asamblea Nacional realizó una reforma a la Constitución, creando una especie de traje a la medida del comandante de manera que le permiten faraónicamente la facultad de legislar en materia administrativa y otras nunca antes tenidas por presidente alguno. En el mismo año una dominada Asamblea Nacional aprobó la ignominiosa y entreguista Ley 840.
Sin embargo, ha sido variopinta la gama de leyes manoseadas y deformadas todas ajustadas a sojuzgar poderes del Estado, actividades comerciales y al pueblo. Vemos al día de hoy un circo montado vergonzosamente en el mezzanine de la Asamblea Nacional, donde los diputados han perdido total brillo y dedican su tiempo a dormir, revisar sus páginas sociales, distraerse y estar prestos a pulsar el botón, así como a enrostrarse la corrupción en que fueron evidentes partícipes.
En un acto bastardo y oprobioso nombró para las elecciones presidenciales del 2016 a su esposa como compañera en la fórmula presidencial, acto bastardo con el que los nicaragüenses estamos en presencia de una reedición de un régimen dinástico.
En educación y salud los actos bastardos son reiterados y van desde tener los presupuestos más paupérrimos del gasto público, hasta la utilización de jóvenes y adolescentes en actos de violencia contra la población opositora; las metodologías aplicadas en las aulas de clase en general son promotoras de borreguísimo; un sistema de salud deficiente totalmente indolente de la situación de salud del pueblo con atención especializada sesgada y partidaria, con una falta de aplicación de políticas públicas acertadas y con ejecución presupuestaria aletargada, ni hablar de los actos de corrupción, enriquecimiento ilícito de funcionarios que se traducen a la práctica institucional de “robá y robemos”.
Bastardamente el gobierno del comandante ha destruido la autonomía municipal, imperando la decisión de la “compañera”, se bloquea la entrega de recursos e inversiones a alcaldías opositoras y hasta han sido saqueadas, listas para ser entregadas a alcaldes opositores como el caso del municipio de La Trinidad, Estelí.
Ahora después de tanto acto bastardo e inverosímil, empiezan los actos de silencio propios de un cobarde; pero el pueblo está interpretando y llegado el momento será indetenible.
La autora es abogada y notaria.