Arnoldo R. Martínez Ramírez

Mano de obra barata

Los ajustes a las economías de los países en desarrollo y los cataclismos financieros en países con recursos limitados ejercen una influencia determinante en la composición de las estructuras salariales. Los países ricos nutren sus economías con mano de obra barata, globalizando así la pobreza. Las empresas multinacionales en los países de menos recursos absorben empresas nacionales y toman ventaja de la mano de obra barata, práctica iniciada en los años 60-70 en el sudeste asiático, y continuada en Europa del Este y otros países del tercer mundo.

Con mucha frecuencia los inversionistas tienen preferencias por países “estables”, con gobiernos políticamente fuertes, donde negocian con pocas autoridades, facilitando así los sobornos, para obtener exoneraciones y otras granjerías para sus empresas. De manera similar, la globalización de los países ricos, sigue obteniendo sus frutos, pagando caprichosamente las exportaciones de los países pobres, explotando minerales, y destruyendo el medioambiente.

El Gobierno de Nicaragua y el sector privado han venido haciendo gala de las inversiones en industrias de maquila. Las estadísticas indican que emplean 120,000 trabajadores. Sin embargo, además de los bajos salarios, están expuestos y padecen acoso y maltrato, están sometidos a un sistema cuasi penitenciario de permisos, horarios de alimento y descanso. Pero, se dice, se debe “cuidar” estas inversiones, pues es tal la competencia internacional de mano de obra barata, que en cualquier momento las maquiladoras pueden alzar vuelo a tierras menos costosas

Los intereses del gran capital y los Estados se coluden para manipular el salario y los beneficios sociales de los trabajadores. La Población Económicamente Activa (PEA), del mundo es de 3.3 mil millones, de los cuales el 42 por ciento tiene un empleo precario/vulnerable (el 50 por ciento en países emergentes y 73 por ciento en países pobres), con 201 millones de desocupados. La PEA de Nicaragua en 2016 era de cercana a 3.2 millones, de los que solo 860 mil (27 por ciento), estaban afiliados al INSS, quedando el 73 por ciento en el empleo informal y desprotegidos de beneficios y seguridad social. Esta situación se complica para los 130 mil jóvenes que cada año ingresan al mercado laboral y pasan al desempleo abierto.

Los sectores más afectados de la población son los adolescentes y jóvenes, mujeres y migrantes. La IV Conferencia Mundial, sobre Erradicación Sostenida del Trabajo Infantil (OIT 2017), informó que en el mundo trabajan 218 millones de niños entre 5 y 17 años, de ellos 152 millones son víctimas de trabajo infantil (el 50 por ciento, entre 5 y 11 años, lo hacen en condiciones peligrosas). El 60 por ciento se dedica al sector de la agricultura, trabajando para sus familias, muchos sin remuneración. Otro tercio se dedica al sector servicios, en el que desempeña tareas domésticas o en la calle. En 2012, 400 mil niños trabajaban en Nicaragua, el 55 por ciento ayudando a sus padres sin recibir salarios, el resto en la informalidad.

Las mujeres siguen experimentando dificultades para acceder a empleos decentes. Se han logrado mejoras mínimas desde la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en Beijing en 1995. La desigualdad entre mujeres y hombres persiste en los mercados laborales mundiales, en lo que respecta a las oportunidades, trato, cargos y salarios. En los últimos veinte años, los significativos progresos de las mujeres en su formación académica no han tenido correspondencia con mejoras de su posición en el trabajo. La brecha de género en las tasas de empleo y de participación en la fuerza de trabajo apenas se ha reducido. Entre 1995 y 2015, la tasa mundial de participación laboral de las mujeres bajó del 52.4 al 49.6 por ciento. Para los hombres fue del 80 por ciento al 76 por ciento. A escala mundial, la probabilidad que las mujeres participen en el mercado laboral sigue siendo casi 27 puntos porcentuales menores que la de los hombres.

Oxfam Intermón (2015), publicó que, en Centroamérica, más de 263,000 mujeres (58% de obreras de la Zona Franca), tienen trabajos “caracterizados por enormes déficits en derechos, en condiciones laborales precarias, inhumanas en muchos casos”. Las personas que acuden a estos puestos de trabajo son en su mayoría mujeres entre 18 y 35 años, con un nivel escolar bajo, madres con hijos, cabezas de familias, procedentes de zonas rurales. “Se trata de un modelo de organización del trabajo basado en la feminización de la precariedad y vulnerabilidad de las mujeres”. El salario mínimo mensual de las maquiladoras en Centroamérica está entre US$158.2 en Nicaragua y US$320.7 en Guatemala. Salario imposible para que una familia adquiera la canasta básica de alimentos”.

El 25 por ciento de migrantes se concentran en Estados Unidos (EE. UU.) y el 23 por ciento en Europa, en el 2015 había 245 millones de migrantes, el 3 por ciento de la población mundial, un aumento del 44 por ciento con respecto al año 2000. En Nicaragua se estiman 1.6 millones de personas que han emigrado a EE. UU., Costa Rica, España y otros países. La gran mayoría ha salido por falta de empleos, razones políticas, pobreza. Las remesas anuales de los migrantes son un pilar para la economía del país con US$1,400 millones.

Las migrantes enfrentan serias dificultades al abandonar su país: separación de sus familiares y desarraigos de sus costumbres; altos riesgos en la ruta para emigrar incluyendo tráfico humano y violaciones; estatus legal en el país de su nueva residencia; discriminación racial y xenofobia; pago disminuido de salario y prestaciones sociales; abuso de empleadores, autoridades civiles, policiales.

El autor es contador.

Opinión
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