¿Cuál era la ideología de mi padre, cuyo pensamiento y escritos 40 años después de su asesinato tienen igual vigencia hoy, que en aquellos tiempos cuando repicaban en su máquina de escribir? ¿Sería conservador, por tradición familiar, liberal, demócrata cristiano, social demócrata o marxista leninista?
Una cosa cierta: que él no hubiera apoyado y mucho menos endosado, ninguna dictadura que viniera de cualquiera de estas corrientes ideológicas, tal como se lo explicó a Luis Sánchez Sancho, editor de Opinión, en su artículo publicado el pasado 6 de enero titulado: PJChC y mi conversión democrática.
Sánchez —entonces un marxista de sólidos principios socialistas, graduado en Moscú—, sostenía que había una “dictadura aceptable o necesaria para alcanzar la utopía del socialismo —la dictadura del proletariado— un régimen transitorio solo mientras se construye el socialismo y desaparecen las clases sociales”. Mi padre le dijo: “Nada de eso es válido, dictadura es dictadura, llámese de la burguesía, del proletariado, o de cualquier otra clase y vos que luchás por la democracia te vas a convencer de eso más temprano que tarde”. Y así fue, en efecto.
Lo que sí defendía mi padre era el derecho de los jóvenes de conocer y estudiar todas las ideologías políticas para escoger libremente su propia autodeterminación ideológica. Lo sé por experiencia propia: recién graduado con honores en Ciencias Políticas y Sociología de la prestigiosa universidad canadiense de McGill, retorné al país en mayo de 1974 y mis libros fueron embarcados en un baúl que debe haber llegado en septiembre del mismo año.
Todos los libros fueron retenidos en la Aduana porque eran “literatura subversiva”. Cuando le conté a mi padre, reaccionó muy molesto y escribió una carta abierta en LA PRENSA al director de Aduanas, por lo que consideró un acto insólito y dictatorial, argumentando que en estos tiempos todos los jóvenes tienen la obligación de estudiar todas las ideologías, incluso la marxista leninista, ideología que yo no tenía la menor intención de adoptar, a como se puede comprobar en mi hoja de vida.
Nunca me imaginé que poco después, todos mis libros me serían regresados, sin ninguna pregunta. Como resultado, los archivé en un librero de mi cuarto y nunca más los volví a abrir. Termino la anécdota que he traído a colación para demostrar lo liberal que era mi padre en cuanto a su pensamiento político, que defendía la libertad de conciencia de cualquiera, ya no digamos de sus hijos, que posteriormente adoptamos caminos ideológicos opuestos, lo que nos llevó a la confrontación en los años ochenta.
Más que aferrarse a una ideología, mi padre se aferró a nueve principios elementales democráticos. Si se hubiera aferrado a una ideología en particular, ello no le hubiera permitido hacer alianzas pluralistas tan amplias como la Unión Democrática de Liberación (UDEL), donde tuvo cabida todo el espectro político nacional: conservadores, liberales, socialcristianos, socialdemócratas y socialistas marxistas-leninistas, en un solo propósito: dar al traste con la dictadura somocista y sembrar las bases de una nueva república, de allí su grito de batalla: “Nicaragua volverá a ser República”.
Estos 9 principios, que defendió toda su vida o columnas permanentes de su pensamiento son: Libertad de expresión. Libre sufragio. No reelección presidencial. Defensa de los derechos humanos. La búsqueda de la verdad a cualquier costo, que es el fin del periodismo. Justicia social. Estado de Derecho, o sea independencia de los poderes del Estado e igualdad de todos los ciudadanos ante la ley. Pluralismo político; y Congruencia entre lo que se dice y lo que se hace, es decir, mi padre detestaba los falsos profetas que predicaban una cosa y hacían lo contrario, como suele ocurrir con muchos políticos en diferentes fases de su vida.
Mi padre fue consecuente con el principio de la no reelección hasta los últimos días de su vida: cuando se le venció el período en la presidencia de UDEL, se negó a ser reelecto; en consecuencia, resultó electo como presidente el doctor Rafael Córdova Rivas, quien le sucedió.
Para finalizar, haga usted mismo amigo lector su propio análisis comparativo de ¿cómo marcha el país en relación con la Patria de Pedro, sostenida por estas 9 columnas o principios que guiaron su vida, y cuál era su ideología?
El autor es periodista, exministro y exdiputado.