Es común para la mayoría de personas e incluso ambientalistas el satanizar a las empresas en sus procesos de producción y culparlas de todo problema tanto laboral como ambiental. Sin embargo, la realidad no es siempre la que estos primeros persiguen y a veces el populismo, la carencia de conocimientos, intereses idiosincráticos y acciones dolosas generan problemas a las empresas involucradas.
El crecimiento y establecimiento de una empresa no es sacado de la manga, se requieren de los permisos correspondientes, aprobaciones, elementos legales, autorizaciones tanto nacionales como internacionales en algunos casos. Esta serie de barreras trasciende las condiciones comunes de un comercio sencillo, que requiere de trabajo y requisitos diversos de bajo perfil.
No importa el nombre de esta, maquila, embotelladora, calzado, mina, procesamiento o empaque de alimentos, restaurante, carnes, hotel, discoteca, toda apertura requiere de los permisos que habilitan y autorizan su actividad comercial. Previamente, también deben ser realizados, estudios de impacto tanto ambiental como laboral, cubriendo así, las posibilidades de daño a las personas como al medio.
Si los estudios de campo son adecuados, dependen inicialmente de las autoridades que valoran y a las personas que los realizan. Una vez cumpliendo, la empresa puede comenzar su programa.
¿Qué pasa con las demandas de la población? Estas son, una vez realizado todo este proceso (en su mayoría), y si bien se han cumplido con los pasos legales y técnicos, no siempre se complace a todos los involucrados (trabajador y población).
Una empresa de potencial contaminante, no debería estar íntimamente relacionada con áreas residenciales. Aun con este precepto fundamental, las municipalidades y otras instituciones han aprobado la construcción de muchas de estas por años en el corazón de las ciudades, donde la densidad poblacional es importante y la relación salud-industria se torna íntima, con potenciales efectos negativos a la salud.
La sonoridad de un club, el humo de chimeneas de calderas, material particulado de diversos sistemas de producción, emanación de gases, desechos líquidos o sólidos, colocación de antenas (campos electromagnéticos), requieren de un análisis completo y con todos los elementos científico-técnicos pertinentes. Se genera así, una información clara, basada en evidencias, competente, fluida y lo más importante sin afectación a terceros, pero también sin generar daños a la organización, que brinda puestos de trabajo a la necesitada familia nicaragüense.
Toda empresa debe valorar minuciosamente los elementos legales, llenar los requerimientos básicos obligatorios bajo directrices debidamente certificadas y científicamente demostrables. Debe evaluar a los que realizan este tipo de estudios e incluso a sus detractores, puesto que las pérdidas generadas por un mal avalúo y elementos calumniosos en perjuicio de la compañía son igual de perniciosos. El trabajador y la población en general debe hacer lo mismo, juntando toda la información pertinente de carácter sólido, bajo asesoramiento continuo.
La empresa no es el enemigo público número uno, tiene derecho a la defensa, a la presentación de elementos jurídicos como científicos en pos de brindar tranquilidad a los que, sin conocimiento justo y pleno, la condenan a un cierre o daño permanente y más relevante aún, al desempleo a muchas otras familias que necesitan el fruto de su trabajo.
El autor es doctor en Medicina Ocupacional y Ambiental. Higiene y Seguridad.
[email protected]