El dios afeminado, mitología
Luis Sánchez Sancho

Hispano, el hijo de Hércules

En estos días España está en el centro del interés internacional, por la crisis que ha provocado el movimiento separatista catalán, que quiere convertir a la Comunidad Autónoma de Cataluña en una república independiente.

España tiene una historia muy antigua pero también un abolengo mitológico.  En su origen mítico está Hércules, hijo de Zeus y la mortal Alcmena.

Por capricho de Hera, esposa de Zeus, Hércules fue obligado a realizar una serie de tareas increíbles, entre ellas robar los bueyes del monstruoso Gerión y apoderarse de las manzanas de oro del Jardín de las Hespérides.

Para cumplir esas tareas Hércules tuvo que viajar hasta el fin del mundo, en el extremo oeste de la tierra conocido hasta entonces, lo que ahora es la Península Ibérica, donde estaba el reino de Tartessos.

Hércules cruzó el Mediterráneo hasta llegar al punto donde Europa estaba unida con África y no se podía ir más allá. Entonces, para seguir hacia adelante, Hércules con su poderosa espada hizo un tajo en la tierra, la separó en dos continentes y colocó una enorme columna a cada lado. Esas fueron las Columnas de Hércules, que según los estudiosos era las montañas de Abile, en el lado de África y Calpe en el de Europa.

Tartessos ocupaba un territorio donde ahora están las provincias andaluzas de Sevilla y Huelva. Allí reinaba Gerión, un gigante de tres cabezas dueño de grandes rebaños que pastaban en los alrededores del río también llamado Tartessos, el que mucho tiempo después los árabes llamarían Guadalquivir (el gran río).

Hércules mató a Gerión y se llevó el ganado como era su misión.

Enfrente de la Península Ibérica, en África, en una de las faldas de los montes Atlas estaba el Jardín de las Hespérides, quienes eran siete esplendorosas criaturas femeninas llamadas Hesperia, Egle, Aretusa, Eritia, Lípara, Astérope y Crisótemis. A las Hespérides también se les llamaba Ninfas del Atardecer, porque eran hijas de Héspero, el lucero vespertino hermano de Eos (Aurora), la estrella del amanecer.

En el centro del Jardín de las Hespérides se alzaba un manzano que daba frutas de oro. Este árbol nació de la manzana de oro que Gea dio a Hera como regalo de boda, cuando esta se casó con Zeus. Hera sembró la manzana de oro en ese jardín y así nació aquel árbol maravilloso.

Las Hespérides fueron encargadas de cuidar las manzanas de oro, pero un día Hera descubrió que las hurtaban. Entonces envió a Ladón, un dragón de cien cabezas, para que no permitiera que nadie robara las manzanas.

Para apoderarse de las manzanas de oro Hércules se agenció la ayuda del gigante Atlas, quien se mantenía en los alrededores cargando el cielo sobre sus espaldas, por castigo de Zeus.

Hércules convenció a Atlas de que se apoderara de las manzanas de oro, mientras él sostenía el peso del cielo. Pero cuando Atlas volvió con las manzanas el gigante no quiso volver a cargar el cielo. Hércules le dijo que estaba bien, pero le pidió que sostuviera un momento la carga, mientras doblaba su túnica y se la ponía en la espalda, para no lastimarse. Apenas Atlas volvió a ponerse la carga sobre los hombros, Hércules se alejó con las manzanas de oro riéndose del ingenuo gigantón.

En sus andanzas por aquellas remotas tierras del fin del mundo, donde según Robert Graves descansaban todas las noches los caballos que halaban el carro del sol (Helios o Apolo), después de su viaje diurno por el cielo, Hércules se hizo acompañar  por un hijo de nombre Hispano. Después de la muerte de Gerión Hispano fue el nuevo rey de  Tartessos que desde entonces fue conocido como  Hispania, o España como se llama hasta ahora.

Después de Hispano reinó Nórax, a quien  sucedió Gárgoris, el  que  enseñó a  los hispanos la apicultura y el comercio.

De la relación incestuosa de Gárgoris con una de sus hijas nació Habidis, al que su padre quiso matarlo. Pero un criado salvó a Habidis y lo ocultó en el bosque, donde fue amamantada por una cierva.

Habidis fue reconocido por su padre cuando llegó a la edad adulta. Un día amarró dos bueyes a un palo con una cuchilla y así inventó el arado. También dictó las primeras leyes y dividió a la gente en grupos que dieron origen a las clases sociales.

Opinión España Hércules hispano archivo
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