Una noche ahora distante, mientras conversaba con el desaparecido Argelio Córdoba sobre diversos tópicos en su vida, me llamó la atención cuando se refirió al más emotivo instante de su carrera como jugador de beisbol.
“Viejo, lo que viví la noche del 16 de febrero de 1957, no tiene comparación. Solo con el tiempo lo he apreciado en su real dimensión. Ese día se inauguraron las luces del Estadio Nacional y yo estaba ahí”, dijo con emoción en su voz.
Ciertamente, “El Brujo” estaba ahí, en la segunda base del equipo nacional que se midió a las Estrellas de Emilio Cabrera para dar por iniciada una nueva etapa de observar el beisbol en nuestro país, ahora de noche.
“¿Y sabes qué chico?, fui el primer bate del equipo de los nacionales y batee dos de los seis hits que acumulamos. Ese fue el primer día que me sentí un nicaragüense, aunque había nacido en Cuba”, agregó el legendario mentor.
El Estadio Nacional, que ahora vemos añejo y corroido, había sido inaugurado en 1948 con motivo de la X Serie Mundial. Así que nueve años después se hizo la luz. Fue una obra moderna y último modelo. Ahora es un clásico.
“En la inauguración del nuevo Estadio Nacional, yo quería estar aunque fuera de policía”, dijo Julio Sánchez hace una semana, mientras era presentado por Nemesio Porras como mánager de la Selección Nacional de Beisbol.
Ayer, luego del entrenamiento de la Preselección, Ofilio Castro, uno de los más destacados jugadores del país, me indicó que “en ese equipo que inaugurará el estadio, yo quiero estar en la posición que sea”.
Probablemente eso resume el entusiasmo adicional que se ve en los peloteros en busca de un sitio en un plantel que seguramente pasará a la historia y quizá solo con el tiempo los jugadores podrán apreciar ese momento.
Descubrir cuál será el equipo que colocará Nicaragua sobre el terreno la noche del 20 de octubre, cuando se rompan los «fuegos» ante China, será una tarea en la que vamos a involucrarnos todos, aun desde afuera.