Hombres de poca fe, Dios
Gonzalo Cardenal M.

La exactriz porno famosa se confiesa

“María me enseñó a descubrir la belleza de ser mujer” expreso la bellísima exactriz erótica italiana Claudia Koll, y cuenta la acción de Dios en su vida. Encontró en el cristianismo a la Virgen quien le señaló un camino a seguir que le ha llevado a ser verdaderamente feliz.

Cari Filii News relata el testimonio de esta conocida artista, una de las estrellas más cotizadas del cine porno de Europa. Tenía la fama que le daban su belleza y sus papeles, como en “Cosí fan Tutte”, del director Tinto Brassy, y recibía mucho dinero por ellos. Sin embargo, había en ella un vacío enorme que no lograba llenar ni con ese éxito ni con los hombres.

Fue en el 2000, año del gran jubileo, cuando esta actriz se convirtió.

Koll es una devota de la Virgen de Medjugorie, pero Fátima y Lourdes también han sido importantes para ella. “María me enseñó a descubrir la belleza de ser mujer, a expresar mejor mis cualidades femeninas: la dulzura y el espíritu materno”, asegura.

Cuenta de una experiencia que vivió en este pueblito bosnio. “Vi que estaba lloviendo, pero no sentía caer la lluvia sobre mí. Es una experiencia maravillosa sentir a la Virgen en el corazón. El encuentro tiene lugar dentro de uno”. Y explicaba que la Virgen siempre estuvo con ella. “Siempre ha estado presente en mi vida, desde que nací. Cuando tenía ocho años, vi una película sobre la Virgen de Fátima. Entonces comprendí que ella no era una estatua, era una mujer”.

Cuenta que quedó “realmente impresionada al ver que la Virgen había dado una tarea tan importante a los videntes”, niños como ella. “Y sentí que me habló de la belleza, la paz, la serenidad”, contaba. Al llegar a su casa hizo una oración en la que pidió a María que la llevara ya con ella como hizo con Francisco y Jacinta.

“El Señor no respondió a esa oración, pero creo que me quiere para dar testimonio de Él. Estas experiencias me han ayudado a entender la grandeza de la misericordia divina”.

Un día que se encontraba desesperada, acabó entrando en una iglesia de Roma. “Buscaba, de alguna manera, la ayuda de Dios. Se me acercó un sacerdote y me dijo: ¿Qué quieres de Él? Yo le dije: ‘Nada, soy una pecadora’. Cuando me hizo la señal de la cruz en la frente, sentí que mi corazón se abría y se llenaba de Jesús. Las rodillas se me doblaron, me tuve que sentar y empecé a llorar… Era la respuesta del Señor”.

“Comprendí que el amor que había buscado siempre por caminos equivocados era el amor que deseaba desde el corazón, el que todos desean: la presencia de Dios. Comencé a degustar la vida y a entender que el Señor quería que viviera sin miedo, porque Él estaba a mi lado”.

Se dio cuenta que “el mundo del espectáculo la había utilizado” “y nos golpea allí donde somos más frágiles. Por esta sed de amor me vi envuelta en historias equivocadas”.

“Quería probar emociones fuertes, pero nadie me había enseñado a vivir. Lo más extraordinario ha sido descubrir que el Señor venía en mi ayuda, a pesar de mi condición de pecadora. Pero después de haber herido el corazón de Dios, he sentido que Él, en el momento en que más lo necesitaba, venía a socorrerme. Nada me bastaba, no estaba contenta con nada, siempre estaba buscando algo más. Nadie me había enseñado la fidelidad y ni siquiera era capaz de expresar gestos de amor, no sabía amar”, concluye.

(Cari Filii junio 2017).

El autor es miembro del Consejo de Coordinadores de la Ciudad de Dios.
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