Josep Puigdengolas Torres

Historias que se repiten

Nos remontamos a inicios de los ochenta, en Barcelona, una ciudad que se recupera de los años oscuros del franquismo, una ciudad ilusionada por las oportunidades que nacen en el nuevo periodo democrático.

Barcelona, igual que otras ciudades del área metropolitana, había visto crecer su población los últimos años de manera considerable gracias a la llegada de personas provenientes de diferentes puntos de España, pero pocos, muy pocos, del resto de Europa y del mundo.

En 1998, solo el 1.6 por ciento de los empadronados era nacido en el extranjero. Hoy hay más de cuatro millones y medio, por encima del 10 por ciento de la población. Y de ellos, pocos, muy pocos, eran y son ciudadanos nicaragüenses, los cuales por motivos varios habían preferido emigrar hacia otros países, especialmente hacia los Estados Unidos.

Una de las personas que sí optaron por España fue Ligia Torres, una veinteañera nicaragüense que aterrizaba en Barcelona con muy poco, pero con ánimos de empezar una nueva vida en Cataluña, iniciando su proceso de adaptación a una nueva cultura, nuevo idioma, nuevas costumbres…

Barcelona y España no eran lugares del todo amables y atractivos para los nicaragüenses ya que no existía aún esa red de compatriotas tan deseable cuando uno llega a un nuevo lugar. Pero tampoco lo era para el resto de extranjeros. Valga como ejemplo la escasa existencia de locutorios, tan necesarios entonces para poder comunicarse con los familiares, y que se podían contar con los dedos de una mano. De hecho uno de ellos estaba situado en un lugar tan céntrico como la plaza Cataluña. También eran momentos en los que volar no era tan frecuente como ahora, o momentos en los que era prácticamente imposible conseguir los alimentos necesarios para elaborar un plato típico del país originario. Y así tantas cosas.

Hoy día en España, según datos oficiales, residen más de 22.000 nicaragüenses, y aunque probablemente sean muchos más, se trata de una cantidad muy reducida comparada con la de originarios de otros países latinoamericanos.

Ligia hoy es una catalana más. Habla perfectamente el idioma y participa del día a día asociativo de su ciudad viviendo plenamente integrada en la sociedad catalana. Pero ella también es de las que no olvidan. Ligia participa en la Asociación de Amistad con San Miguelito, entidad que colabora con el municipio hermanado con Sant Boi, municipio barcelonés en el que reside. Ella y una parte de los nicaragüenses que llegaron primero son los que ahora forman esa red tan necesaria que facilite ese proceso de adaptación para el que acaba de llegar.

Y es que hay que entender que detrás de un recién llegado hay mucho más que un número o una estadística, hay una historia, y que los motivos para migrar son muchos. Es necesario entender que todos y todas somos personas, que migrar no siempre es la opción más deseada, y que crear estructuras de acogida y acompañamiento, ya sean institucionales o civiles, es del todo imprescindible.

Curiosamente en los últimos años hemos vivido en España, y continuamos viviendo, en un período de crisis aguda que ha frenado la llegada de inmigrantes, que ha hecho volver a sus países de origen a muchos, pero sobre todo, ha obligado a emigrar a muchos españoles en busca de un presente y futuro mínimamente digno. Lo han hecho a diferentes países de Europa, pero también a Latinoamérica. Algo que, por cierto, no es nuevo. Ya pasó durante la Guerra Civil y en los años de dictadura franquista cuando miles de españoles tuvieron que migrar huyendo de una situación extremadamente difícil.

Es decir, la historia se repite una y otra vez, y tal vez debería llegar el momento en que reflexionáramos y entendiéramos que los procesos migratorios se producen y que requieren de altas dosis de humanidad y generosidad de unos y otros. Hagamos la vida de los demás, y la de nuestros compatriotas, un poco más sencilla. Hagamos como Ligia, nicaragüense.

El autor es teniente de Alcaldía de Sant Boi de Llobregat, Barcelona. Vicepresidente del Ámbito de Sostenibilidad de la Federación de Municipios de Catalunya (FMC).

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