Los días 5, 6, 8 y 11 de diciembre de 1980, LA PRENSA publicó en cuatro entregas un amplio reportaje con mi firma dedicado a la Isla de Ometepe, un paraíso tropical poco conocido entonces, al que por primera vez llamé “un oasis de paz”. El reportaje de cuatro entregas comenzando en la primera página, concluyó el 11 con un despliegue gráfico en la segunda sección. Fue la primera vez que visité Ometepe.
Aunque en este reportaje fue la primera vez que le llamé así a la hermosa isla de volcanes gemelos en forma de ocho, no fue hasta en el segundo “bautizo”, el 4 de abril de 1993, cuando LA PRENSA publicó un suplemento especial de 24 páginas a color que titulé también Ometepe: un oasis de paz, que el nombre pegó para siempre.
Pero aunque muchos crean que el nombre es una evocación al turismo, en 1980 Ometepe estaba muy lejos de convertirse en un destino turístico, su fama nacional y alrededor del mundo, comenzó a crecer a partir del suplemento del 4 de abril de 1993, que marca para Ometepe un antes y un después en su despegue turístico.
Las razones que tuve, están resumidas en este párrafo de la primera parte, el 5 de diciembre de 1980: “Ometepe es en realidad un oasis de paz y hermandad, siempre lo ha sido. Cuando la guerra, la Isla dio albergue y seguridad al doble de su población. Como el isleño ha emigrado mucho a distintas ciudades de tierra firme, durante la guerra acarrearon con sus familias y regresaron a su tierra natal. Los días de guerra fueron en realidad como una Semana Santa, cuando la afluencia de visitantes desborda la isla. Nunca se había visto tanta gente por las calles. No hubo ni muertos ni heridos”.
“Además de dar albergue y seguridad a miles de personas, Ometepe alimentó Rivas, Granada y parte de Managua. Como los barcos nunca se detuvieron, la gran cantidad de productos que se cultivan en la isla fueron la tabla de salvación en las ciudades, donde los alimentos escaseaban”. Ometepe fue refugio y granero.
Pero además, en Ometepe no solo no hubo guerra, sino que no hubo odio y no pegó el sistema de espionaje vecinal que montó entonces el régimen sandinista con los Comité de Defensa Sandinista, o CDS, llamados también “los ojos y oídos de la Revolución”.
Un oasis de paz en medio de una vorágine de guerra, en un entorno paradisíaco, que ciertamente no se presta para la represión. Los pocos guardias que habían asignados a Ometepe fueron respetados y huyeron a San Jorge días después del 19 de julio.
Un ciudadano isleño, a quien entrevisté entonces a bordo de la lancha “Santa Julia” me aseguró: “Aquí no hay ni CDS ni organizaciones de masa, todo eso fracasó, por eso la isla está ‘colorada’. Muchos isleños son dueños de sus propias parcelas, predomina el minifundio, excepto los grandes latifundios que eran de Somoza y que están concentrados en el volcán Maderas”.
En Ometepe era desconocido el crimen, la prostitución y era la tierra de apacibles y honestos campesinos; por eso el que llegaba a Ometepe, podía caminar bajo el cristalino firmamento de la isla, sin temor a ser asaltado. Por estas razones creí que había descubierto “un oasis de paz”, en medio de la vorágine política que se vivía Nicaragua en aquel entonces.
En abril de 1993 ensayé el mismo título nuevamente, porque sé que la memoria de los pueblos es efímera, pero su evocación fue inspirada esta vez por su pródiga naturaleza y el turismo; fue así que quedó marcado para siempre. Este es el último párrafo de la principal nota periodística del suplemento del 4 de abril de 1993:
“En resumen, en medio de su pobreza y su belleza, Ometepe es para Nicaragua como un Oasis de Paz: un lugar de cristalinos cielos donde se aprecia hasta la última constelación estelar; un lugar donde la guerra y los conflictos sociales jamás tuvieron el impacto que tuvieron en el territorio nacional; un lugar que en belleza natural no se le queda atrás a las famosas Islas de Hawái. Ometepe tiene un parecido extraordinario con Maui, formada también en tiempos prehistóricos por dos bellos volcanes, solo que Ometepe nació en el mar dulce, donde el agua se puede tomar y no produce ardor en los ojos”.
El autor es periodista, exministro y exdiputado.