El dios afeminado, mitología
Luis Sánchez Sancho

Un Orfeo con final feliz

En la sección Literaria de LA PRENSA del sábado 8 de julio corriente, se publicó un artículo de Carlos Perezalonso titulado El mito de Orfeo en Claribel Alegría.

Se refiere el artículo de Perezalonso a que la poeta Alegría, después de la muerte de su esposo “viaja (con su poesía) a un proceso de afirmación vital y hacia la búsqueda de un nuevo sentido del vivir”; a diferencia  de Orfeo, quien “viaja hacia la muerte y hacia la leyenda”.

Previamente Perezalonso explica a grandes rasgos el mito de Orfeo, que es —para mí— una de las  leyendas más hermosas de la mitología griega, en lo que se refiere al amor que trasciende a  la muerte y al amante que de tanto amarla sacrifica a la persona amada.

Relata el poeta Perezalonso que Eurídice, la bella mujer de Orfeo, muere por causa de la mordedura de una serpiente y su esposo, adolorido y decidido a no perderla, va a buscarla al mundo de los muertos.

Orfeo convence a los dioses del inframundo, Hades y su esposa Perséfone, que le permitan a Eurídice regresar con él al mundo de los vivos.

Persuade a los dioses con la maravillosa música de su  lira, pero las divinidades le ponen como condición que cuando partan hacia el exterior él no debe ver hacia atrás, para mirar a Eurídice, “hasta que hubieran alcanzado el mundo superior y los rayos del sol bañaran completamente a la mujer”.

Pero Orfeo ama en demasía a Eurídice, no resiste el deseo de ver su rostro amado y cuando ella  está a punto de salir a la superficie donde brilla el sol, voltea la cabeza hacia atrás y la mira. Entonces Eurídice vuelve a morir, se convierte en espíritu para siempre. Orfeo, de tanto amar a su mujer la pierde definitivamente.

En Orfeo —dice Carlos  Perezalonso— lo que sigue es la rebeldía, al perder por segunda vez a su esposa; y eso lo lleva a la condena de muerte. “En Claribel Alegría, lo que sigue después del impacto brutal que conmueve su existencia, la muerte del amado, es la aceptación y la esperanza”.

Ciertamente, Orfeo,  después de perder a Eurídice muere destrozado por un rayo de Zeus, quien lo castiga de esa manera porque ha revelado  los misterios del más allá que conoció en su descenso al mundo de los muertos.

En otra versión del mito se sugiere que Orfeo es condenado a muerte por  los dioses, porque ante la muerte de Eurídice él fingió un gran dolor que no sentía. En este sentido Platón compara (en El Banquete) la actitud de Orfeo —que sigue viviendo después de la muerte de su mujer a quien supuestamente amaba por encima de todo—, con la de Alcestis, la hermosa mujer que muere por su propia voluntad en sustitución de su amado marido, Admeto, sacrifica su vida  para que él siga viviendo.

También se cuenta que a Orfeo lo hicieron pedazos  las mujeres de Tracia, furiosas porque en los ritos   de la religión que él creó después de ir al mundo del más allá y conocer sus misterios, no admitía la participación femenina.

Finalmente,  se asegura que fueron las bacantes (las mujeres que adoraban a  Baco y le rendían culto con orgías) las que mataron a Orfeo, quien después de la muerte de Eurídice perdió todo interés en el sexo femenino. Orfeo solo se relacionaba con varones y de esto se derivó la leyenda de que habría sido el creador y promotor original de la homosexualidad.

Pero hay una versión del mito de Orfeo y Eurídice que no es propiamente mitológica, sino literaria y musical, la cual es particularmente interesante  porque tiene un final feliz.

Me refiero a la ópera Orfeo y Eurídice, de Cristóbal Glück, compositor alemán del siglo XVIII, en la que  sobresale particularmente el aria Che faro senza Euridice? (¿Qué haré sin Eurídice?), en la que Orfeo lamenta conmovedoramente   la  muerte de su amada. Para mi gusto esta aria es una de las piezas más preciosas de la música operática.

En la ópera de Glück, cuando Eurídice muere por segunda vez, Orfeo toma la decisión de suicidarse. Entonces  se le aparece Eros, quien emocionado por el gran amor de la pareja devuelve la vida a Eurídice, para que sigan amándose.

Orfeo y Eurídice regresan a su patria y se reúnen con el pueblo en el Templo de Eros. Zeus preside la gran fiesta y todos celebran jubilosamente el triunfo de la vida y el amor.

Opinión Carlos Perezalonso archivo
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