Ley 89, educación superior
Arnoldo Toruño T.

Justa y necesaria solidaridad con el pueblo venezolano

El pueblo venezolano tiene sobradas razones para estar en las calles protestando contra el gobierno. En efecto, son fundamentalmente los errores del gobierno venezolano los que tienen en la miseria a su pueblo, que ahora sufre de hambre, desempleo, desabastecimiento de medicinas y de productos de primera necesidad, así como de una elevada criminalidad.

Esto ocurre a pesar de que Venezuela tiene las reservas de petróleo más grandes del planeta. La caída de los precios del petróleo, aunque ha contribuido al empobrecimiento de los venezolanos,  está lejos de ser la causa principal. Puede verse cómo otros países petroleros no han salido tan afectados por esta caída de los precios del petróleo, porque desde hace años vienen invirtiendo y preparándose para cuando el petróleo se termine. Hasta una isla artificial en forma de palmera han levantado para atraer turistas e ingresos. El gobierno venezolano, por el contrario, lejos de atraer inversiones, se ha dedicado a destruir la empresa privada, afectando la producción y el comercio, mientras ha aumentado grandemente la burocracia estatal.

Pero es también justo que se proteste por el hecho de que el gobierno venezolano decide ignorar y pisotear la voluntad popular, y mantener el poder político por la fuerza, reprimiendo a la población, incluyendo a los valientes estudiantes. El pueblo venezolano ansía un cambio.

Eso es lo que muestran con claridad los resultados de la pasada contienda electoral, donde una amplia mayoría votó por los candidatos a diputados por parte de la oposición. Pero el gobierno, lejos de oír el clamor popular expresado en las urnas, ha optado por impedir el funcionamiento de la Asamblea Nacional, violando con este fin la Constitución y valiéndose de un Tribunal Supremo de Justicia modificado a toda prisa después del triunfo opositor, para que se desempeñe como un simple instrumento del gobierno. De tal manera, injusta e ilegalmente permanecen presos Leopoldo López y otras personas, a pesar de que es voluntad y potestad de la Asamblea, que recuperen su libertad.

No ha podido la Asamblea tomar papel sobre las políticas económicas, por este mismo bloqueo gubernamental. Y ha impedido el referéndum revocatorio, contemplado en la Constitución, como instrumento para dejar en manos del pueblo decidir si quiere o no continuar con su actual gobierno.

Tienen toda la razón los venezolanos de exigir en las calles que se celebre elecciones libres y honestas, como la forma más sensata y factible de salir del atolladero en que se encuentra ese país. Pero para el presidente venezolano, Nicolás Maduro, al igual que nuestros gobernantes en Nicaragua, más que miedo, le tienen pavor a este tipo de elecciones. En sus discursos dicen que la gente los ama, pero se niegan obstinadamente a poner en manos de la ciudadanía su continuidad o no en el poder.

Considero que los nicaragüenses, incluido nuestro gobierno, tenemos la obligación moral de apoyar al pueblo venezolano en sus demandas de libertad, de respeto a la Asamblea Nacional y de que sean elecciones libres y honestas las que determinen el futuro de Venezuela. Cualquier otro camino, incluso insistir en un supuesto diálogo que ya mostró su inutilidad, es prolongar los sufrimientos del pueblo venezolano.

Por mi parte, parafraseando la frase que los leoneses a diario oímos en Radio Darío, yo digo: “Ánimo pueblo venezolano”. La justicia y la razón están con ustedes.

El autor es médico.

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