La enfermedad de Parkinson es la segunda enfermedad neurodegenerativa más común después de la enfermedad de Alzheimer. Foto: LA PRENSA/Thinkstock.

Dos siglos del párkinson

Cada año en nuestro país aparecen 1,100 nuevos casos de la enfermedad, aumenta a cuatro por ciento cuando hay historia de familiares enfermos

Un día como hoy de 1817, hace doscientos años, el neurólogo inglés James Parkinson descubrió este padecimiento crónico del cerebro llamándole “parálisis agitante” que produce una enfermedad neurodegenerativa donde la “sustancia negra” deja de producir dopamina y como consecuencia se alteran los movimientos del cuerpo. Como homenaje lleva el nombre de enfermedad de Parkinson.

Cada año en nuestro país aparecen 1,100 nuevos casos de la enfermedad, aumenta a cuatro por ciento cuando hay historia de familiares enfermos. Favorece: vivir en áreas rurales, exposición a plaguicidas y contacto con soldadura autógena. No hay explicación por qué fumadores y tomadores de café se ven menos afectados.

El temblor es síntoma cardinal en este padecimiento que son movimientos rítmicos, oscilatorios e involuntarios. Es un temblor pasivo, que podemos detectar al ver sentado en el comedor una persona como le tiemblan las manos, pero cuando toma un tenedor o un vaso se detiene la tembladera. Desaparece durante el sueño. Junto con el temblor detectamos movimientos lentos, “robotizados”, que obligan a dar pasos cortos, en ocasiones se asocian a una especie de carreras.

Los músculos están rígidos y cuando los moviliza el médico dan la impresión de “una rueda dentada”, se pierde el movimiento normal de los brazos al caminar. Estos factores condicionan inestabilidad al estar de pie, lo cual favorece las caídas. El rostro de estos pacientes pierde la mímica facial normal porque se disminuye el parpadeo, en estadios avanzados hay depresión, ansiedad y demencia. Otros pacientes aquejan problemas serios al dormir o sensación quemante de los miembros.

No es una enfermedad de ancianos, puede verse en jóvenes y el actor Michael Fox es un ejemplo. Mientras más temprano se haga diagnóstico, mejor, un tratamiento oportuno parece detener la enfermedad. El médico internista brinda valiosa ayuda diagnóstica y seguimiento a estos pacientes.


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