Llegó el día que todos temíamos. Desde finales de noviembre por los programas de televisión desfilaron una serie de personajes diciendo que la Nica Act estaba muerto y se equivocaron. Lamentablemente en AmCham estábamos claros que esto podía suceder y así lo advertimos. Fue por ello que propusimos desde ese momento que había que trabajar en desarmar los argumentos que motivaban esta iniciativa de ley en el Congreso de los Estados Unidos.
Recuerdo que incluso hicimos una declaración diciendo que la OEA nos daba una oportunidad de oro para salir del peligro de la Nica Act. Pero se hizo muy poco y muy tarde. No se coordinó una estrategia efectiva en Washington, se subestimo el interés y la resolución de ciertos congresistas en darle seguimiento a esta iniciativa y se pensó que ignorándola desaparecería automáticamente. Creo que no se le dio la importancia a la nueva composición del Congreso dominado por republicanos y a las nuevas figuras que han entrado a jugar en la nueva administración Trump. Grave error. Hoy la Nica Act está nuevamente en el Congreso, y viene con más fuerza que antes, al parecer con más apoyo bipartidista y una versión más dura que la anterior, abarca más aspectos y que viene con nuevas justificaciones que incluyen temas de corrupción.
¿Ahora qué hacemos? Como siempre, yo trato de ver la parte constructiva de esta situación y más que lamentarnos, esto debería ser una doble campanada de alerta de que rápidamente debemos hacer cambios profundos en nuestro país. Sobre todo en el campo político se debe dar señales a la comunidad internacional de que aquí se respetan las reglas del juego, de que se trabaja en fortalecer la institucionalidad y que hay oportunidades para todos los participantes de la arena política. Pero sobre todo se debe demostrar que hay voluntad de diálogo. Este problema solo se puede resolver a través del diálogo entre los nicaragüenses. Se debe recuperar la confianza de la población en los procesos electorales, el juez de esto no es un partido político u otro, es el propio pueblo, con su participación ciudadana, con su confianza en que su voto es tomado en cuenta. Muchos en la comunidad internacional han criticado el último proceso electoral; en Washington los amigos de Nicaragua se acabaron o se escondieron, y en este nuevo gobierno republicano, se percibe la fuerza de varios legisladores que ya se han expresado muy duramente sobre estos temas. La Nica Act. 2.0 no es buena para nadie, este tipo de sanciones han demostrado ser ineficaces en alcanzar sus objetivos. Pero ahí está y no se va a ir.
Creo que el secretario Almagro ha actuado con mucha valentía pero sobre todo con seriedad y responsabilidad al decir que esta iniciativa de ley no aporta al trabajo que viene haciendo la OEA de diálogo con el gobierno. Considero que se debe acelerar el paso en el diálogo con la OEA y que a través de su apoyo se logren estos cambios que le permitirían al país evitar que la Nica Act se convierta en una realidad. Hoy tenemos una espada de Damocles, se debe trabajar arduamente en desarticularla. Creo que el gobierno debe actuar con mucha inteligencia y a la vez suficientemente humilde para entender que debe cambiar el rumbo y buscar más involucramiento y acercamiento con todas las fuerzas políticas (por muy pequeñas que sean) para que como país, se recupere la credibilidad y confianza en el ámbito internacional.
Esta es una tarea del Gobierno y los políticos, no de la empresa privada, ahora la pelota está en la cancha del gobierno. AmCham estoy seguro, está dispuesta a colaborar en lo que sea necesario, pero el tiempo es oro y las oportunidades se pierden.
El autor es ex Presidente de AmCham.