Efectos de las pantallas
Gonzalo Cardenal M.

La cultura juvenil

La sociedad cultural actual ha dejado de ser un respaldo para la vivencia cristiana. Hubo un tiempo en que las ideas, los valores, las leyes, las estructuras, y las costumbres aceptadas por la sociedad secular reforzaban las ideas, los valores y las costumbres cristianas; pero hoy, esta sociedad, no solo prescinde de ellas, sino que se opone a ellas, dificultando cada vez más el vivir como cristianos.

Me refiero a un fenómeno nuevo en la historia de la humanidad. A un ambiente que antes no existía y a unas estructuras que lo manejan. Están entre nosotros pero no siempre entendemos su significado, ni la magnitud de su influencia, ni cómo funciona, ni quién lo manipula, ni hacia dónde va. Hablo de lo que llamaremos “la cultura juvenil”, y de las estructuras de poder que manejan esa cultura. Para que lo entendamos mejor voy a intentar darles una definición.

Cultura juvenil es ese ambiente o suma de ambientes donde los jóvenes viven y se relacionan, fuera del control de sus padres, con ideas, valores y patrones de conducta distintos de los nuestros, que les son dictados e inculcados por adultos, que actuando como verdaderos ídolos y líderes espirituales de la juventud, la manipulan, dirigen y explotan eficazmente a través de un gigantesco conglomerado de industrias, usando los más modernos medios de divulgación a su alcance.

En estas reflexiones vamos   a tratar de explicar como nace esa cultura juvenil, cuales son sus ideas y valores, como atenta en contra de nuestros propios hijos, y cual es el precio que pagan los que sucumben a ella. Al final, analizaremos la estrategia de los que la dirigen.

Estas reflexiones tienen que ver con el mundo, pero no es ni para decirles lo corrompida que está la juventud de hoy, ni lo mal que está el mundo, ni para que le tengan miedo al mundo y se salgan de él. Es para que se salgan del mundo de mentira y entren al mundo de verdad. Al mundo de la realidad.

Cuando nosotros éramos chavalos queríamos entrar al mundo para ser “gente grande”. Para dejar de ser niños. Entrar al mundo era el paso de la fantasía a la realidad y nuestro choque con la realidad se encargaba de convertirnos en jóvenes maduros. Pero hoy  está sucediendo algo que no ha sucedido nunca en la historia de la humanidad; y es que el niño en vez de entrar cada día más a la realidad del mundo es ahora mantenido en un mundo irreal que hace que el niño nunca deje de ser niño. Cree que está entrando al mundo real, pero solo está pasando de una fantasía a otra fantasía.  Lo que el mundo le ofrece como un sueño con el tiempo se convierte en pesadilla. Y una pesadilla de la que es difícil escapar.

A ningún muchacho le gusta que le digan que es un niño. Si le dicen que es un niño se molesta y si le dicen que ya no es un niño se molesta también porque cree que se le está queriendo manipular. Pero yo no estoy escribiéndoles aquí para jugar con sus emociones, ni para jugar con nada porque de lo que quiero escribirles no es juguete. Por eso —en las entregas de las próximas semanas— vamos a profundizar sobre las características que hacen que un niño siga siendo un niño.

El autor es miembro del Consejo de Coordinadores de la Ciudad de Dios.
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