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Gonzalo Cardenal M.

Cómo conocer la voluntad de Dios II

Continuando la plática sobre cómo conocer la voluntad de Dios en situaciones específicas, debo decirles que hay cosas que debemos hacer para aprender a cedernos al Espíritu en el campo del pensamiento, como por ejemplo:

Debemos confrontar regularmente nuestra manera de pensar con el Evangelio. Pero al mismo tiempo podemos buscar la revelación directa de Dios. Debemos aprender a que la Palabra de Dios predomine sobre nuestras decisiones humanas y espirituales. Darle chance a que el Señor nos guíe en nuestra oración.

Debemos aprender a discernir nuestra manera de pensar y poner nuestro pensamiento a su disposición. A medida que empezamos a entregarle al Señor nuestra mente, él irá moldeando nuestra manera de pensar e irá impartiéndonos sabiduría y conocimientos. A veces, la forma en que el Señor nos habla puede ser muy directa, como la profecía. Pero más comunes son las inspiraciones o unciones del Espíritu. Y este sentir es algo más que sencillamente una emoción. Incluye un sentimiento intuitivo (a veces muy fuerte) que viene de una sintonía con el Espíritu de Dios.
Por la Biblia y por profecías es —sin embargo— la manera más frecuente de cómo nos habla el Señor a nosotros en La Ciudad de Dios. A veces nos habla de cómo debe ser nuestra vida conjunta; sobre el seguimiento de nuestra misión; sobre nuestra unidad; sobre la radicalidad de nuestro discipulado; sobre los peligros que nos acechan; etcétera.

En nuestras reuniones de oración, especialmente en nuestras asambleas de oración, el Señor se manifiesta constantemente con profesías, lecturas y palabras de conocimiento, sanando enfermos del alma y del cuerpo. (No puedo dejar de aprovechar esta ocasión para invitar a todos mis lectores a estas asambleas abiertas llevándonos a sus enfermos. Las tenemos los últimos viernes de todos los meses en nuestra sede desde las 8:00 a las 9:30 p.m.)

Regresando a estas manifestaciones carismáticas debo decirles que también puede pasar otra cosa, que es parecida a la inspiración del Espíritu, y es oír al Señor hablarnos. Cuando decimos que podemos oírlo hablar, no quiere decir necesariamente que percibimos una voz audible (aunque a algunas personas parece que les habla así). Más comúnmente el Señor nos habla mediante una palabra interior que podemos “oír” en alguna parte de nuestro espíritu, porque es algo más que un sentir de lo que el Señor quiere. Es un mensaje en palabras.

Sin embargo, con esto de las inspiraciones del Espíritu y el “oír” al Señor hay que tener cuidado. Pueden venir de otros lados (y muchas veces esto pasa). A veces pueden provenir del “enemigo” pero principalmente pueden ser nuestros propios deseos engañándonos. Para llegar a saber con seguridad si la voz viene del Señor necesitamos su comprobación palpable de otras fuentes (y esto no es ponerlo a prueba), en otros casos de otros más avanzados que nosotros en la “Vida en el Espíritu Santo”, especialmente si estamos comenzando a tratar de seguir sus inspiraciones.

Debemos aclarar también que estas mociones nos hacen especialmente vulnerables a equivocarnos por las siguientes situaciones: Si venimos de una familia dividida o llena de problemas. Si nuestro matrimonio no está funcionando. Si estamos bajo presiones emocionales. Si hemos estado involucrados en experiencias esotéricas: hechicería, espiritismo, control mental método Silva, el Reiki, el Yoga (más allá de los ejercicios de relajación), la magia negra, la masonería, misas y actividades u organizaciones satánicas, y cosas semejantes.

Como tenemos todavía más que decirles sobre este tema, lamentamos tener que utilizar también el próximo sábado para tratar de explicarlo más ampliamente.

El autor es miembro del consejo de coordinadores de la ciudad de Dios.
[email protected]

Opinión Gonzalo Cardenal M. archivo
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