Yo conozco a Wilfredo Navarro y me consta su vocación por el servicio público. Pero esta vocación no podría concretarse, y la verdad es que nadie la podría concretar, sin estar en el Presupuesto General de la República, es decir, sin tener un puesto público desde donde se pueda servir mejor a la ciudadanía. Precisamente por estas razones —para servir a sus conciudadanos— Wilfredo empezó dando la vida por Anastasio Somoza Debayle, después por Arnoldo Alemán Lacayo y ahora por Daniel Ortega Saavedra.
Mucha gente desconoce la dialéctica política de mi amigo Wilfredo. En su defensa tengo que explicarles a algunas personas que no lo comprenden que Wilfredo no da la vida por nadie, que no tiene vocación suicida ni se agarraría ni a balazos, ni a machetazos ni a garrotazos por nadie. La vieja costumbre de Wilfredo de andar dando la vida por el que está en el poder no debe leerse literalmente. Se trata de una metáfora. Por ejemplo, cuando daba la vida por Arnoldo Alemán significaba metafóricamente una extraordinaria manifestación de lealtad, porque Wilfredo sabe que una onza de lealtad vale más que una libra de talento, y yo diría, que un quintal de lealtad vale más que cien mil toneladas de sabiduría.
Por consiguiente, para que Wilfredo pueda seguir sirviendo a los demás, tiene que ser a través de un puesto público —ahora una diputación— y para ello tiene que dar la vida por el que está en el poder, es decir, que tiene que dar la vida por Daniel así como antes la dio por Arnoldo Alemán.
Wilfredo quiso coger vuelo propio, para no tener que dar la vida por nadie, cuando fue candidato a alcalde de Managua. Pero perdió las elecciones por no escuchar mis consejos. En esa época Wilfredo usaba un copete mucho más grande que el copete del loco Valdés, copete que no le lucía del todo. Además de que esos copetes estaban mal vistos porque eran los que lucían muchos pachucos en cantinas como “La Conga Roja” o “El Pez que Fuma” de la vieja Managua.
Yo le dije a Wilfredo desde LA PRENSA que si no se quitaba ese copete no iba a ganar las elecciones para alcalde de Managua. Además tenía otro gran inconveniente. No se vestía elegantísimo como hoy se viste. A veces usaba pantalones amarillos brinca charcos, con calcetines morados, camisa roja-liberal y zapatos de colores blanco y café. Todo este atuendo quizás era propio para bailar los mambos de don Dámaso Pérez Prado en el barrio Monseñor Lezcano, pero no para disputar la Alcaldía de Managua. Esa época de vestir así ya Wilfredo la superó. Se quitó hace tiempo el copete y hoy se viste como un lord inglés.
Pero está surgiendo un problema para Wilfredo. Ahora Daniel Ortega manda igual que doña Rosario Murillo, y en la peña El Bejuco, que está bien informada, dicen que doña Rosario en el fondo manda más que Daniel. Entonces, si Daniel manda igual o menos que doña Rosario, ¿Wilfredo seguirá dando la vida solamente por Daniel? Ya se empieza a especular en Acoyapa que Wilfredo está también dando la vida por doña Rosario. Pero algunos miembros de la peña sostienen que en Acoyapa están equivocados, que Wilfredo previendo el futuro no solamente está dando la vida por Daniel y doña Rosario sino también por Laureano, por aquello de que Laureano podría ser el delfín, el que sucedería a doña Rosario.
Ante esta situación Wilfredo para seguir en el servicio público a mediano plazo tiene que hilar muy delgado, porque pueden surgir imponderables. Se habla de que Gustavo Porras tiene grandes posibilidades de ser presidente dentro de diez años, en vez de Laureano. En este caso sería Gustavo Porras el que sucedería a doña Rosario. Entonces, Wilfredo como hombre muy inteligente y previsor, tendría que ir pensando desde ahora lo que debe hacer. Yo le aconsejaría que utilice la siguiente figura jurídica: otorgarle en escritura pública a don Gustavo una “promesa de dación de vida” pero estableciendo en dicha escritura la siguiente cláusula: “Esta promesa de dar la vida quedará sin efecto en caso de que don Gustavo no llegue a ser presidente de la República”.
El autor es abogado.