Avizorar. Quizás por la riqueza léxica del español a veces a la hora de escribir “tropezamos” con palabras que suenan “elegantes”, pero que su significado está lejos de la idea que queremos dar, cayendo en uno de los vicios del lenguaje conocido como “impropiedad”: “Empleo de palabras con significado distinto del que tienen”. Lo más seguro es que allí cabe la palabra “avizorar”. Tal vez estos titulares sean conocidos: “Avizoran abstención elevada en elecciones de Nicaragua”, “Cenidh no avizora cambios en materia de derechos”, “Se avizora cambio en costo del Canal”, etc.
Si consultamos la RAE nos daremos cuenta que avizorar significa “acechar”: “Observar, aguardar cautelosamente con algún propósito”, muy distanciado de la idea que “trató” de darse en los enunciados pasados, donde lo correcto hubiera sido: “Prevén abstención elevada en elecciones de Nicaragua”, “Cenidh no prevé cambios en materia de derechos”, “Se prevé cambio en costo del Canal”, ya que prevén significa: “Conjeturar por algunas señales o indicios lo que ha de suceder”.
Asesinato/homicidio. Algo parecido ocurre con los términos asesinato y homicidio. En muchos casos hasta se utilizan como sinónimos cuando son dos cosas distintas. Un asesinato es: “Matar a alguien con alevosía, ensañamiento o por una recompensa”, y un homicidio: “Delito consistente en matar a alguien sin que concurran las circunstancias de alevosía, precio o ensañamiento”. Por lo consiguiente, estructuras como: “Se ensañó en asesinarlo”, “Lo asesinó por recompensa”, “Asesino alevoso”, resultan ser un pleonasmo, también conocido como redundancia.
Occiso. En el caso de este vocablo, se asocia con toda persona fallecida. La RAE específica, tajantemente, su definición: “Muerto violentamente”. Por ende la Fundéu, en una consulta hecha, estipula que a una persona que muere de una enfermedad, ahogada, por tanto ingerir alcohol, etc., no se le puede denominar occiso. Sí a un accidentado, asesinado, etc.
“Catación”, “Partidarizar”… En ciertos casos hasta transformamos verbos en sustantivos y adjetivos o viceversa, que no conllevan ningún significado, ¿o me van a negar que nunca han escuchado o leído estos enunciados?: “El Salvador inaugura hoy un certamen internacional de catación de café”, “La partidarización de las fuerzas públicas no garantiza que los ciudadanos tendrán acceso a la justicia”. Sin embargo, estos términos en el diccionario no aparecen.
En el primer caso, lo correcto hubiese sido: “El Salvador inaugura hoy un certamen internacional de ‘cata’ de café”. Con respecto al segundo caso, si se quiere indicar que una institución ha alzado o tomado partido, el adjetivo es “apartidada”, y si se quiere plantear que es independiente de cualquier partido político es “apartidista”.
Emprendedurismo. Quiero culminar con este “hermoso” neologismo, que como sabemos no está registrado en la RAE, y el cual la Fundéu aconseja no utilizar. Posiblemente “nació” al traducirlo de la voz inglesa “entrepreneurship”, sin embargo su significado (dado en el ámbito empresarial) varía con el de “emprendimiento”: “Acción y efecto de emprender (acometer una obra)”. “Cualidad de emprendedor”. Para muchos, emprendedurismo tiene que ver con “la plataforma de acciones de un ecosistema emprendedor para fomentar un marco de Desarrollo Económico y Social Sustentable de un país, que se traduce en políticas públicas viables y factibles para los diferentes sectores y actores de la sociedad, haciendo que se genere una sinergia entre el Gobierno, los empresarios, las iglesias y el tercer sector, la sociedad organizada”.
No obstante, habrá que esperar que los grandes defensores denodados de la lengua incorporen la grafía con su significado en la RAE para utilizarla.
El autor es estudiante de filología y comunicación.