Querida Nicaragua: prácticamente te hemos partido en dos: la Nicaragua de los números falsos fabricados por manos y mentes especialistas en presentar mentiras como verdades que se propagandizan en el extranjero, y la Nicaragua real, la que vive diariamente su propia tragedia, pobreza, corrupciones, engaños y sangre, muchas veces inocente.
La Nicaragua de la ficción es aquella de los parques y avenidas tupidas de autos y de luces, oropeles luminosos para engañar a los turistas y para que unos niños se sientan por momentos felices. La Nicaragua de la piel bonita y de las entrañas en constante descomposición.
Las comisiones de Derechos Humanos ya no dan abasto denunciando todo género de hechos sangrientos provocados por una Policía Nacional mal entrenada y muchas veces deshumanizada. Aquí se asesina a quien no piensa como el Gobierno, se producen masacres como las de Las Jagüitas y se sigue diciendo con toda la boca que somos el país más seguro de Centroamérica, que tenemos buenas calificaciones en el riesgo país, que hay una fuerte alianza entre los empresarios, los sindicatos y el Gobierno y garantías para la inversión. Y mientras se dice esto, una niñita de 15 meses es asesinada a tiros por un miembro de la Policía Nacional en el Tuma- La Dalia, departamento de Matagalpa.
La noticia tiene conmovido al país. Unos policías allanan un hogar en busca de un supuesto delincuente, este se levanta con la niña entre sus brazos y recibe los disparos asesinos que matan al hombre y a su bebé, es la versión trágica de la madre de la niña que fue testigo del asesinato de ambos.
Es muy grande la diferencia entre los niños del campo y los de la ciudad, tal como es grande la diferencia del comportamiento policial en las áreas rurales donde a culatazos se rompen humildes puertas de paupérrimos hogares, violando doblemente la ley, sin orden judicial y allanando hogares a deshoras.
Con toda sinceridad quisiera escuchar en los medios informativos del Gobierno unas cuantas palabras lamentando hechos como este y prometiendo una exhaustiva investigación. Pero no encontramos más que silencio, como si nada hubiese ocurrido. Como si los niños “corrieran felices tras las mariposas”, según la expresión del fallecido comandante Borge.
Hay al parecer suficiente dinero para embellecer la ciudad, asombran las obras del malecón de Managua, el Paseo Xolotlán, la avenida Bolívar, las bellas reproducciones de casas e iglesias y el bellísimo parque acuático, quizás el mejor de Centroamérica para deleite de la niñez. Lamentablemente cuando estos niños de enferman y sus progenitoras van a los hospitales encuentran un contraste dramático.
Ningún hospital se salva cuando se trata de calificar la asistencia que le dan al paciente, el trato de los médicos en general, desde el CPF o portero hasta las enfermeras, con ligerísimas excepciones, se comportan como enemigos del paciente. ¿Una consulta? El doctor no la puede atender hasta el martes de la otra semana, tome estas pastillas para mientras, acetaminofén. Operaciones quirúrgicas para las que piden una tomografía axial computarizada que el Hospital no puede tomar y que cuesta 270 dólares que de dónde va a sacar uno de esos pobres pacientes. Y el ambiente de los hospitales es deprimente, pisos sucios, paredes que han esperado años para ser pintadas, cucarachas en los lavatorios y baños. Todo esto se puede comprobar visitando cualquiera de los hospitales públicos.
Es obvio que la Alcaldía tiene dinero de sobra para levantar los árboles de la vida cuyo costo anda, según los entendidos, en 25 mil dólares. El presupuesto de la Alcaldía debe ser muy grande, pero el contraste entre el Minsa (Ministerio de Salud) y la Alcaldía es enorme y hasta ofensivo. La señora vicepresidenta se pondría una flor en el ojal mejorando la situación de los hospitales y el trato a tanto enfermo. Ella puede, y querer es poder.
El autor es gerente de Radio Corporación y excandidato a la Presidencia de la República en 2011.