Vuelve la OEA a latir en la médula de la opinión pública. La OEA bien pudiera tener la erección de un árbol longevo con ramas suficientes para generar expectativas. Está sostenida por las columnas de la burocracia y de la diplomacia. Valora con diversas estrategias la conducta política de los gobiernos latinoamericanos desde la sede de la capital de Estados Unidos. Nunca va a perder la beligerancia —es mi opinión— mientras haya disimilitudes parciales y frontales en el estilo de gobernar de los nidos tropicales.
Esta vez el turno le volvió a corresponder a Nicaragua. Lo tuvo y decisivo en el pasado de la dictadura somocista. Y volvió a ser página de superior figuración en los medios de comunicación alentados por los analistas expertos en mostrar el ombligo a través de la inteligencia invisible del estudio y de los cálculos. Vivir el presente con el recurso de la retórica, con alguna inclinación profética en la mirada hacia el futuro. El pasado murió. No es “la maestra de la vida” de Herodoto.
El ambiente preliminar para que la OEA volviera a estar en la palestra fue diseñado por la aparición en público de Luis Almagro. La más visible medalla de su quehacer en el ejercicio representativo fue ser la excepción en la regla “guatusera” del señor Insulza. Almagro abrió las puertas de la claridad como crítico del inmaduro de Venezuela. Ese fue el símbolo de su rebeldía. Justificar su posición le valió en el lenguaje de Maduro ser el blanco de una vulgaridad vinculada con la parte trasera del organismo humano, suficiente credencial para que las alas nativas celebraran a un diferente funcionario, contrastando con el perfil de sus antecesores.
Ya recorrido el trayecto de la resolución compartida entre el Gobierno de Nicaragua y el propio secretario general de la OEA, tan recurrido para ser la salvación, las reacciones no pudieron estar más divididas en torno a la percepción en consenso de la oposición que fuese más bien fuente de inspiración para converger en las aceras de la unidad. Sin embargo el resultado del informe ha deteriorado esa posibilidad. Se interpreta que el Gobierno lacerado por la abstención electoral, ha recibido un aliento favorable emanado principalmente de sectores de Ciudadanos por la Libertad al ser un factor de la segmentación de la oposición proveniente de pilares heterogéneos que han engendrado a un Frente Amplio por la Democracia que tiene como lo único valedero a la arrogante categoría que le ha impuesto el emotivo entusiasmo. Frente enjuta en el rostro de la auténtica unidad. Producto de mayor fraccionamiento derivado del informe ha sido el consignado de sorber las gotas del vaso medio lleno cuando lo anunciado cívicamente es que lo colmaran las porciones de la plenitud. Apreciaciones unas optimistas, otras conformistas, otras negativas en torno a las consumaciones del pliego tan generoso en la espera, saturado de un enunciado entre claros y oscuros. Otra parcela, el Movimiento por Nicaragua, se inclina por creer que el organismo hizo una evaluación deprimente y timorata de sus estatutos y por lo tanto es vital la aplicación de la Carta Democrática por no reconocer las violaciones de los derechos elementales.
Vuelve pues la OEA a la palabra de la mesa caliente.
Lo cierto es que lo único existente es el compromiso suscrito por las partes. Solo el tiempo determinará su cumplimiento.
El autor es periodista.