Karen Rappaccioli-Tünnermann

¿Adicto yo?

Sí…  adictos somos todos, unos por adicciones químicas (alcohol, drogas) y otros por nuestras emociones (depresión, ansiedad).

Desde nuestros años de niñez iniciamos a crear “coping mechanisms”, mecanismos de defensa.  Todos estos para tratar de hacernos sentir mejor, y protegernos de nuestros temores, inseguridades, dramas-traumas, en fin todos aquellos “conectores”  que no nos hacen sentir bien.

La base de nuestras emociones se fundamenta en esta época de oro “nuestra infancia”.

Es muy difícil no haber tenido en estos años sobresaltos que hicieran que nuestro subconsciente además de buscar por máscaras protectoras, también tratase de olvidar todos estos malos recuerdos. El reto sería rebuscar en nuestro subconsciente por huellas que nos conduzcan a encontrar estas heridas para luego sanarlas. Y así terminar con estas dañinas programaciones. “Hay que sentir el malestar, para curarlo”.

“Las adiciones más que todo tratan de encubrir el dolor”. Necesitamos conectarnos para eliminarlas.

Definitivamente podemos alcanzar la tan ansiada armonía en nuestro vivir, logrando un balance acertado entre nuestras conductas.

Al lograr cambiar nuestros patrones destructivos, que nos han perjudicado Fortificaríamos nuestro desarrollo mental, y físico en nuestras vidas.

Muchos de nuestros mecanismos de defensa pudiesen ser el tan inofensivo “chuparse uno de nuestros dedos”, ese niño tal vez sentía soledad y miedos, y logró que uno de sus dedos fuese un apaciguador emocional.

Pero hay otros hábitos que el ser humano busca, que no son tan inofensivos, y es aquí donde se abren las oportunidades a nuestras adicciones  dañinas.

Simplemente no podemos controlar nuestras emociones internas; ambiente de discordia en el hogar, familias disfuncionales, posiblemente enfermedades psiconeuróticas, patológicas, abandonamiento psicológico, maltrato físico o emocional.

Realmente la lista se vuelve interminable.

En fin tal vez algunos de nosotros pudiésemos reconocernos en estos patrones pero otros no.

Probablemente estos quedaron interiorizados en nuestro subconsciente, y ni siquiera realizamos que muchas de nuestras adicciones son traumas que no se han superado.

Algunas veces reaccionamos con violencia o tristeza cuando alguna de estas situaciones inconscientes reviven todo este drama-trama.

Buscamos desesperadamente por ese pacificador, como evitar recuerdos dolorosos. Muchos de estos son inofensivos (comer dulces o hacer ejercicio en exceso).

Otros al contrario son devastadores (como el alcohol, y drogas). Todas estas adicciones nos secuestran nuestra verdadera esencia, nuestra realidad quien realmente somos.  En otras palabras nos roban nuestra alma.

Nuestra verdadera identidad “Sat Nam”.

Lo más importante es reprogramarnos y sustituir hábitos destructivos por positivos.

Ahí en ese momento intervienen nuestras tres mentes: la negativa, la positiva y la neutral.

La primera es la protectora, la segunda la expansiva y la tercera la intuitiva (la esencia de nuestra alma).

La adecuada armonía de estos tres aspectos es imprescindible para lograr una recuperación efectiva.

La buena noticia a todas estas disturbaciones es que hay varios antídotos para poder salir de esta marea y ser seres funcionales y felices.

Lo primero es reconocer nuestras ataduras o adicciones y luego buscar ayuda y así obtener soluciones fehacientes.

Entre ellas voy a enfocarme en este artículo en uno de los “trends” que más se está dando a conocer a nivel mundial.

Y cada vez más organizaciones, instituciones e individuos lo están incorporando a su rutina diaria con un gran éxito.

El Yoga Kundalini es una ciencia milenaria que brinda muchos beneficios. Es un eficiente catalizador de las adicciones químicas y emotivas. Las cuales causan un tremendo daño físico y mental no solo en nosotros más en nuestras familias y transmitidos de uno a otros.

Continuando así el ciclo de generaciones perdidas.

Definidamente hay más vulnerabilidad a las adicciones en algunas familias o sea hay predisposición marcada en el ADN, pero eso no quiere decir que no exista ayuda y soluciones.

La terapia de yoga brinda una confección única en la gama inherente de soluciones integrales: respiraciones, pranas, osanas, mudras, mantras y meditaciones. Donde nos reprogramamos “rewire” situaciones que ya no nos sirven.

Sin dejar de incluir las prácticas de Mindfulness.

Así logramos lo que actualmente se conoce como Neuroplasticidad: “La meditación y el yoga cambian el cerebro, según Harvard”.

Recuerda solo tú puedes iniciar ese camino a la recuperación entre el cuerpo, mente y alma.

La autora es escritora y consultora.

Opinión adicciones archivo
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