En los primeros cinco días del nuevo año ocurrieron en Nicaragua casi 300 accidentes de tránsito con saldo de 15 personas muertas. Ese dato macabro fue conocido cuando aún no se había digerido la información de que en el 2016 se registraron 789 muertes por esa misma causa, 101 más que en 2015, equivalentes al 13 por ciento de incremento.
Los accidentes de tránsito son una pandemia mundial y una de las principales causas de muerte en el mundo. Sus causas son comunes a todos los países, ya sea que tengan un alto o un bajo nivel de desarrollo, sin perjuicio de que en cada uno haya factores particulares que agravan o amortiguan el problema.
En Nicaragua, algunas personas culpan expresamente a la Policía por el alarmante aumento de la mortalidad de tránsito, debido sobre todo —dicen— a su incapacidad y falta de voluntad para aplicar las reglas de circulación vial. Sin embargo no se puede achacar a la Policía la culpa por el agravamiento de este problema, como sí se le debe culpar de la violación sistemática de los derechos humanos y la pérdida de su profesionalismo por politizarse y subordinarse a los fines perversos de una dictadura.
Como causas del incremento de la accidentabilidad y mortalidad de tránsito se mencionan el desmedido aumento de vehículos automotores en circulación (sobre todo motocicletas), falta de señalización vial adecuada, vehículos que en gran cantidad circulan en mal estado, el calamitoso transporte público, calles y carreteras obsoletas y falta de un sistema vial moderno, con más autopistas, pasos a desnivel, túneles, etc.
Todo eso es relativamente cierto, pues se trata de un problema causado por distintos factores. Pero las carreteras y calles no matan. Lo que mata es la irresponsabilidad humana, como se puede comprobar sin necesidad de apelar a investigaciones científicas, con el simple pero impactante dato de que 4 de las 15 muertes por accidentes de tránsito ocurridas en los primeros cinco días del nuevo año, fueron por exceso de velocidad, 5 por invasión de carril, 3 por conducción en estado de ebriedad y tres por desperfecto mecánico y otras causas.
El factor humano es la causa principal del aumento de los accidentes de tránsito, en particular la falta de educación y cultura, incluyendo la cultura democrática que motiva el reconocimiento al derecho de los demás y el respeto a las instituciones y la ley.
En todas partes del mundo, repetimos, ocurren los accidentes de tránsito con mortales consecuencias. Pero la incidencia es mucho menor en países que tienen un alto nivel de educación cívica y cultura democrática, como los de Europa del Norte, y mucho mayor en los que carecen de tales atributos, como es el caso de Nicaragua.
El restablecimiento de la democracia y el Estado de derecho en Nicaragua, cimentados en una mejor educación y una sólida cultura democrática, ayudará en el futuro —que ojalá esté próximo— a reducir los fatídicos accidentes de tránsito y el cotidiano luto que llevan a los hogares de los nicaragüenses.