Continuamos en la reflexión de hoy sobre la Virgen que amigos católicos me pidieron escribiera, y evangélicos también se refirieron a este tema en sus amables y respetuosos correos que agradezco de todo corazón.
¿Por qué la Iglesia católica dice que la Virgen María nació sin pecado? Jesús estuvo bajo la Ley. En la ley, el pecado lo transfería la madre (Salmo 51, 7). Jesús no puede tener pecado, por lo tanto, por el poder de Dios, María fue preservada del pecado, por virtud de su maternidad. Otra cosa. La palabra griega que se traduce “llena de gracia” es: Kejaritomene. Y la gracia es la ausencia del pecado. María se proclama en el Magnificat: “Me alegro en el Dios que me salva”. De hecho, la Biblia, que habla tan claramente del pecado de Pedro o el de Pablo, los apóstoles, nunca hablan de pecado en María.
¿Por qué los católicos oran a María si está muerta? En Juan 2, 1-12, María demostró su poder de intercesión. “Pero es que solo hay un intercesor, y es Cristo…”, dicen. María intercede ante Jesús por todos nosotros; al igual que un pastor ora por los enfermos de su rebaño.
“Pero María está muerta…”, insisten ellos. ¡Pues No! En Lucas 20, 38 se dice: “Dios no es Dios de muertos sino de vivos, porque para Él todos viven”. En el Apocalipsis o Revelación: Ap. 6, 9-11; Ap. 8, 3, las almas claman a Dios, aún después de haber abandonado este mundo.
¿Fue María siempre Virgen? Resulta muy extraño para mí que tantos evangélicos tengan tanta reticencia en reconocerlo, pues los fundadores del Protestantismo, propagadores de la “Sola Escritura”, Martín Lutero, Juan Calvino y Ulrich Zwinglio, reconocían la virginidad perpetua de María como una enseñanza bíblica, aún después de la Reforma, y así lo transmitieron. Más aún, Lutero, ya protestante, la llama en su catecismo, “la Siempre Virgen María”.
¿Por qué la llamamos Reina? Porque ella se humilla a la condición de esclava (Lc. 1, 38) y Jesús la ensalza a lo opuesto, a Reina. Además en I Reyes 2, 19 dice que en el Reino de David la madre del Rey se sienta a la derecha del Rey. Jesús es Rey (Jn. 18, 37) es heredero del reino de David (Lc. 1, 32) por lo tanto el lugar de María es un trono a la derecha de su Hijo que es Rey.
Por falta de espacio no me amplío en otros argumentos que ha veces oigo esgrimir a amigos protestantes, como la situación de los “otros hijos de María”, de que “la oración del rosario no está en la Biblia”, etc. pero creo que con lo cubierto en estas dos entregas nos debería aclarar a todos sobre la fundamentación bíblica de nuestro especialísimo amor y respeto hacia ella.
Debo advertirles —sin embargo— que en mi caso personal no fue la Biblia la que me llevó a quererla tanto como he llegado a quererle, sino Ella misma con su ternura especialísima y palpable que me derritió el corazón ya adulto con esa experiencia personal y bella, amorosa e inolvidable de madre, que inmerecidamente me regaló un bendito día. Experiencia que le ruego a mi Señora les conceda a todos ustedes mis lectores —católicos y no católicos— y que siempre nos lleva a su hijo Jesús.
El autor es miembro del consejo de coordinadores de la ciudad de Dios.
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