Algo no estaba funcionando bien en el matrimonio de Aymara Pineda Barahona y Moisés Hassan Martínez. Ambos compartían la insatisfacción en el campo laboral. Sentían que no estaban aportando nada para la sociedad. Él ingeniero civil y ella, que es administradora de empresas, se desarrollaba profesionalmente en el mundo de las organizaciones no gubernamentales. También compartían otro sentir: eran muy ecologistas y la aspiración de ambos era algún día dejar sus empleos y juntos impulsar la construcción de un hostal en el volcán Mombacho.
“En los trabajos en donde estábamos sentíamos que no aportábamos a nada. Ambos estábamos en lugares donde había muchas incoherencia, mucha corrupción. Estábamos dedicando cuarenta horas semanales en trabajos donde nuestra vida útil no aportaba a nada”, afirma Aymara.
Pero la vida la puso en una situación muy difícil. Su mamá, que llevaba una vida muy sana, de pronto se enfermó y falleció. “Fue como un despertar sobre nuestro compromiso con el entorno y de nuestra inquietud por querer hacer algo, de aportar algo”, afirma esta emprendedora. Con la herencia que recibió, la liquidación laboral y parte de sus ahorros, decidieron emprender hace tres años la idea de construir el hostal, mudarse a él y desde ahí trabajar.
Para impulsar más rápido el proyecto y obtener más financiamiento, ambos decidieron participar en una convocatoria internacional de ideas de negocios. Debían demostrar que la idea era viable, comenzaron a dar los primeros pasos en su construcción e invirtieron gran parte del dinero con el que disponían.
Todo parecía que iba bien. Con asesoría especializada diseñaron el plan de negocios y montaron una plataforma digital para demostrar cómo funcionaría el hostal ecológico. Se llamaría Madre Selva. Y pese a todo el empeño, al final solo recibieron la felicitación del órgano que convocó al certamen, pero eso no los desanimó. “Fue muy crítico ese momento, porque habíamos perdido mucho dinero, pero no nuestra aspiración de querer hacer algo distinto”, cuenta.
Sabían que era un proyecto emprendedor muy ambicioso, por eso decidieron darle otro giro a lo que habían pensado. Habían perdido mucho dinero. “Habíamos comprado una camioneta para movilizarnos hasta el lugar donde iba a estar el hostal, pero resulta que luego nos dimos cuenta que esta necesitaba un overhaul”, ejemplifica.
Ante la insistencia de querer algo distinto, decidieron apuntarse como voluntarios para trabajar en negocios innovadores a nivel internacional, en una plataforma digital que ofrece esta oportunidad a cualquier persona que quiera hacer algo distinto. Su próximo destino era Portugal.
Luego de juntar un poco de dinero y pagando con puntos los boletos, se mudaron por tres meses a una comunidad ecológica en Portugal, en donde había negocios donde se elaboraban cosméticos naturales.
“No es color de rosa cuando te vas a voluntariar, porque en algunos lugares se aprovechan de la mano de obra voluntaria y no cumplen los acuerdos que vos estableciste a la hora de contactarse con esa persona”, afirma Aymara. “Es voluntariado, no es un trabajo pagado, se supone que trabajás menos horas, trabajás de 20 a 25 horas semanales, según esta plataforma”, explica.
Para llegar a esa comunidad portuguesa a diario debían caminar tres kilómetros, trabajar más de 40 horas y hasta los fines de semana. En ese país, ambos se dieron cuenta que la cosmética natural tenía mercado y que bien este negocio se podía replicar en Nicaragua.
Después de aprender a elaborarlas, el año pasado decidieron regresar a Nicaragua y muy comprometidos empezaron a montar el negocio. Así nace cosmética natural: Madre Selva.
El primer reto era obtener las materias primas, principalmente el aceite de oliva, que es la base de muchos de sus productos, “porque este tiene muchas propiedades para la piel”. Otras materias las tuvo que importar, incluidos los envases, hasta que pudo comenzar a experimentar con la producción.
Lo importante, según Aymara, es que encontró un nicho de mercado que está en crecimiento. “Lo primero que producimos fueron las cremas de lavanda y los jabones de aceite de oliva”, explica.
Un año después de haber nacido Madre Selva, ahora disponen de una línea de cinco tipo de cremas para la piel, tres jabones de aceites vegetales, desodorante, repelente, exfoliante, bálsamo labial, bebida natural, entre otros. “Sabemos que el mercado de cosmética natural es uno de los que más está creciendo por el cuido de la piel” y señala que el reto ahora es buscar cómo producir protectores solares.
Inicialmente tenían siete lugares donde distribuían los productos, pero como estos necesitan condiciones especiales para que conserven su calidad, decidieron cerrar esos canales de venta y concentrarlos actualmente en la tienda que tienen en su residencia en Las Cumbres, en Managua. Aun así dice que hacen envíos en toda Nicaragua y participan en todas las ferias.
En busca de mercados
Al negocio le dedican las 24 horas del día. Ante la creciente demanda ya tienen a dos empleados, mientras ellos están en constante experimentación de productos. Ya tienen marca registrada y están en proceso de completar el registro sanitario de los mismos.
La calidad de estos productos ha llegado a oídos de compradores en los mercados internacionales. Una vez que logren completar los registros tienen compradores de Suecia y Estados Unidos, donde nicaragüenses que residen en esos países han expresado su interés de distribuirlos en esos mercados.
“Creemos que se puede tener un negocio de este tipo, en el que ganás dinero, vivís de esto, pero también das algún aporte a la gente”, afirma.
No obstante, admite que sigue siendo un reto para el negocio encontrar la materia prima de sus productos y más aún traerla a Nicaragua, “porque importamos en pequeñas cantidades y eso es difícil”.
Ahora Aymara y Moisés sienten que están aportando un granito de arena al medioambiente y a que la gente viva de manera más saludable. “Estamos en un sistema que está contaminando todo, incluyéndonos a nosotros mismos… No necesitamos utilizar químicos preservantes y muchos de los tóxicos que ponen en la cosmética industrial”, sentencia.
Contacto
Propietarios: Aymara Pineda Barahona y Moisés Hassan Martínez.
Dirección: Las Cumbres, Banco Procredit una cuadra al sur, calle Las Palmeras media cuadra al oeste.
Teléfonos: 8849-0184/8216-6988
Facebook: madreselva.nicaragua
Correo: [email protected]











