Es difícil pensar que el señor Luis Almagro en su visita a Nicaragua, este 1° de diciembre, logre un avance, y/o concesión de parte de Ortega, en materia de una ruta hacia la democratización de nuestro país. Desde el mismo día de los acuerdos que la OEA logró para que este organismo iniciara conversaciones con este Gobierno, siempre ha flotado en la mente de los nicaragüenses, la incertidumbre en cuanto a los frutos de las mismas, con base a una política de acuerdos, que desemboquen en la entrega pacífica, gradual y lo más pronto posible, del poder arbitrario y absoluto. Entiéndase, que se trata del poder hegemónico y no del gobierno de buenas prácticas públicas y políticas que no existen.
¿A qué viene Almagro? ¿A ejercer presión para provocar se entregue un poder, o a una negociación para hacer ver que son necesarias nuevas elecciones, para ser ostentado por derecho, el gobierno de nuestra Nicaragua?
Por lo dicho y practicado desde que asumió el señor Luis Almagro, como secretario general de la OEA, podemos pensar que en su mente existe una sana disposición hacia la beligerancia, para muchos de nosotros una utopía, por la discusión política en altura entre los distintos actores de todo el espectro político criollo, llámense de derecha, de izquierda o de centro en sus distintos grados. Es indudable su buena fe, al menos periodísticamente, hacia la alternancia de los gobiernos y reitero, no del poder.
La contaminación política de los organismos internacionales, es posible. ¿La OEA lo es? Recientemente las condolencias oficiales a Cuba por la muerte de Fidel Castro, emitidas por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), un organismo de las Naciones Unidas, y firmada por su secretaria ejecutiva Alicia Bárcena, no ha sido bienvenida en algunos sectores políticos de nuestra América, en especial, por el Sr. José Miguel Vivanco, creíble o no, director para las Américas de Human Rights Watch (HRW).
¿Qué ha sucedido con la mediación en Venezuela y el álgido intercambio de dimes y diretes entre la OEA de Almagro y la Venezuela de Maduro? Yo no tengo una respuesta, tal vez usted mi estimado lector, pero una cosa es cierta, parece va para largo, excepto, se den intervencionismos y presiones que inclinen, ojalá, una solución transparente.
Nicaragua necesita nuevas elecciones, ¿lo logrará Almagro? El gobierno de Nicaragua, este martes y miércoles, ha dado claros signos de no permitir manifestaciones durante su estadía; esto es, o un reto muy poderoso, o un “dese por sabido” de nuestro desconocimiento a la “autoridad” de la OEA que, de alguna manera, ya viene con la “cancha rayada”.
Almagro jugó al misterio durante estos días y envió 2 días antes de su llegada, a “expertos” para abrir negociaciones; supongo son acuerdos previos pues está claro que esto no ha sido una sorpresa para el gobierno de Nicaragua; no sabemos si son una “victoria” parcial de Almagro, o simplemente, por lo escrito, el inicio de un vacío de soluciones; un lamentable tornillo sinfín.
No es lo que esperamos señor Luis Almagro.
El autor es Ingeniero Civil.