Un año después de la muerte del boxeador David Acevedo, su padre, del mismo nombre, sigue creyendo que aquello obedeció a los designios del Señor. En la casa del “Terry”, situada en el barrio María Auxiliadora en Managua, de la pared de su cuarto siguen colgando los guantes y las zapatillas que utilizó aquel 14 de noviembre.
“Solo Dios nos ha sustentado. Vivimos días de agonía y de dolor. No renegamos cuando murió David, nos aferramos a Dios para que nos fortaleciera. Pero esto no lo voy a superar nunca, tampoco mi familia, eso va a ocurrir hasta el día que muramos”, cuenta David (padre).
David Acevedo colapsó en un ring la noche del 14 de noviembre del 2015 cuando faltaba un minuto para que terminara su combate con Nelson Altamirano. Sufrió un accidente cerebral, fue operado de emergencia y luego de una semana de agonía murió el día 21.
Ahora, por ejemplo, quedan claras las situaciones que rodearon el combate y que en el momento fueron resguardadas por el silencio: es verdad que David perdió 12 libras de un día para otro, queriendo acercarse a la categoría (145-146 libras). David fue encerrado en un carro con la calefacción activada para obligarlo a sudar. David entrenaba poco para una pelea. Y para dar el peso, se liquidaba a sí mismo.
Hasta el día que falleció, David había hecho tres combates en un espacio de siete semanas, aunque en ese momento no se veía así, era verdad que estaba peleando para morir. “Creo que mi hijo anda fuera en un viaje y que pronto regresará. Veo lo que tenía, sus zapatillas, sus guantes y duele. Su madre aún llora. Me acuerdo que dos días después de su muerte, tiramos a la basura la bata y la calzoneta con la que peleó esa noche”, agrega.
Siete mil dólares y un salón de belleza
David Acevedo quería ser campeón del mundo. Uno de sus planes cuando lo lograra —creía él— era ponerle un salón de belleza decente a su madre, quien ocupaba la sala de la casa para atender a su clientela.
Aunque David nunca lo sabrá, tras su muerte, su familia recibió 7 mil dólares de parte del Consejo Mundial de Boxeo, debido a que Bismarck Morales, el representante del organismo en el país, hizo las gestiones para el desembolso, que suele ser otorgado en casos especiales a las familias de boxeadores que fallecen o que quedan con un tipo de invalidez de por vida. Ahora, su madre tiene su propio salón de belleza. Pero David no está.
“Mi hijo le dio a mi esposa lo que ella quería. Tiene su negocio. Cuando ella hizo los trámites, lloró, recordando que se logró lo que ella había deseado, pero estoy seguro que nadie quiere salir adelante con la ayuda por la muerte de un hijo”, comentó el padre, y las lágrimas aparecieron.
“Ahora que veo atrás, yo creo que nadie tiene la culpa. Así es la vida, un camino lleno de incertidumbre. Dios hace y deshace. Quita y pone. Y me quitó a mi hijo David y eso duele”, concluye.