David “El Terry” Acevedo tiene un récord profesional de seis victorias, cinco derrotas y un combate empatado. Debutó en el 2013 con un nocaut. LAPRENSA/ MANUEL ESQUIVEL

El «Terry» Acevedo soñaba con jugar beisbol

cevedo a los 10 años decidió incursionar en el mundo de los puños. Tomó la decisión porque junto a su hermano Yamil Acevedo habían decidido entrar.

Ahora yace en una cama con tubos y aferrado al poder divino como resultado de una mala jugada de la suerte, pero David Acevedo no siempre fue boxeador. Inició como beisbolista cuando niño, jugaba en el campo polvoso de El Dorado, en la liga de Julio Montenegro. “No fue un gran jugador, por eso se salió, le gustaban más otras cosas”, recuerda su padre David Acevedo Ocón, quien fue lanzador y debutó en Primera División en los años 80 con los Dantos.

Acevedo a los 10 años decidió incursionar en el mundo de los puños. Tomó la decisión porque junto a su hermano Yamil Acevedo habían decidido entrar.

Empezó en el Gimnasio Alexis Argüello con el entrenador, “El Burrito” Alemán y después pasó por las manos del ya fallecido Alberto Guido, hasta que Pedro Márquez, su entrenador actual, terminó de formarlo como profesional.

A los 12 años Acevedo se encantó por la lucha, aunque siguió como boxeador, al mismo tiempo mantuvo ese ritmo por año y medio.

“El Terry” estudió contaduría, pero no terminó la universidad y también se dedicó a dar clases de educación física en la capital.

En el boxeo aficionado, Acevedo logró representar a la Selección Nacional de Nicaragua en Campeonatos Centroamericanos. David no es ni el mayor ni el menor de tres hijos de la familia Acevedo Rivas, es un joven cristiano evangélico de 23 años, asiste habitualmente a la iglesia Visión junto a su papá y su novia, todos los jueves.

Y mientras espera en ese frío cuarto de un hospital su recuperación, toda su familia cree en el soplo divino. Ojalá lo reciba.

NO MÁS

“Ya esta experiencia es una clara señal que ninguno de mis hijos volverá al boxeo. Es momento que se entreguen a sus estudios y busquen cómo salir adelante de otra manera, pero esto, ya no más”, indicó David Acevedo Ocón en medio de lágrimas por el temor de lo que pueda pasar con su hijo, quien sufrió un hematoma subdural, por el que cayó desplomado en el octavo asalto y convulsionó.

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