Julio César Castillo Ortiz

Somos justificados por la fe

La justificación tiene como significado el conjunto de pruebas que se hace de la inocencia o bondad de una persona, de un acto o de una cosa. Sin embargo, es interesante descubrir cómo en la Biblia, justificación tiene otro significado, el cual no tiene nada que ver con ningún término jurídico. Justificación es más bien una expresión para reconocer la relación correcta entre Dios y el hombre.

En el tiempo del apóstol Pablo se creía que el hombre era justo ante Dios por el cumplimiento estricto de cada una de las normas de la ley. Pablo, luego de vivir un encuentro personal con Jesús resucitado, recibe de parte del Espíritu Santo la revelación que le hace ver el error en el que habían caído los fariseos de su tiempo, y escribe: “Por las obras de la ley ningún ser humano es justificado”. Romanos 3,20. Y luego añadió: “Somos justificados gratuitamente por su gracia mediante la redención realizada por Cristo Jesús”.

Para los fariseos era dificilísimo entender lo que Pablo predicaba, porque la justificación, la buena relación con Dios, la entendían como el resultado de cumplir al pie de la letra la ley. Veamos la parábola que cuenta Jesús, entre el fariseo y el publicano, Lucas 18:9. El fariseo, seguro de sus obras, ora haciendo un recuento de sus limosnas, diezmos, ayunos y oraciones, creyendo firmemente que eso le hace pasar automáticamente a ganar la justificación, e incluso, recibir un premio de parte de Dios. Pero Jesús, también cita el caso del publicano que no se atreve a levantar la vista, y su única oración es: “Apiádate de mí que soy un pecador”. Al concluir el relato, Jesús,  no aprueba la actitud del fariseo, y al referirse al publicano expresa: “Les digo que este volvió a su casa justificado”.

Todo el Evangelio proclama la justicia de Dios. Pero, ¿en qué se basa nuestra justificación? Nuestra justificación descansa en el sacrificio que hizo Jesús en la cruz. El apóstol Pablo nos dice: “Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándole en cuenta a los hombres sus pecados”. Corintios 5: 19.

La sangre de Cristo fue el precio de nuestro rescate, Pedro también hace referencia y nos dice: “Ustedes no fueron rescatados con oro o plata, corruptibles, sino con la sangre preciosa de Jesús, cordero sin mancha y sin defecto”. 1Pedro 1.18. Solo la sangre de Cristo nos hace merecedores de una reconciliación con el Padre,  es su sacrificio en la cruz, al llevar nuestros pecados y morir en nuestro lugar, lo que nos hace ser merecedores de la gracia y justificación de Dios.

Sería un atrevimiento llegar a creer que por nuestras obras seremos justos ante el Padre, esto es un peligro latente para nuestra redención. “Porque somos justificados cuando confesamos con nuestros labios que Jesús es el Señor, y creemos de corazón que Dios lo resucitó, entonces alcanzaremos la salvación”. Romanos 10: 9.

Por tanto, no olvidemos que nuestro buen comportamiento, si no se sustenta en una sólida fe en el sacrificio de Cristo, no cuenta ante Dios. Porque lo único que tiene capacidad de lavar nuestras culpas, es la sangre derramada por Jesús en la cruz del calvario. Imitemos pues la actitud humilde del publicano, diciendo siempre en oración: “Apiádate de mí que soy un pecador”.

El autor es Presidente de la Asociación Cristiana Jesús está Vivo.

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