El bate de Cheslor Cuthbert tiene la carga explosiva necesaria para llevar a convertirlo en el cañonero de mayor impacto en la historia del beisbol nacional. Y mejor aún, parece disponer de la madurez suficiente para desarrollar todo el potencial que posee.
Sin embargo después de un frío inicio (de 5-1), algunos ojos se abrieron con sorpresa y se han emitido múltiples criterios sobre lo conveniente que puede ser para el artillero de Corn Island jugar en el beisbol nacional. No creo que debería haber tanto drama.
Después de un mes sin enfrentar lanzadores, hasta Babe Ruth seguramente habría tenido problemas. Cheslor necesita hacer ajustes y seguro los conseguirá pronto. Y una vez que eso suceda, entonces los fanáticos van a gozar ante su despliegue de furia.
Cuthbert es un lujo entre nosotros. Su historia aún está en etapa de construcción, pero lo mostrado hasta ahora en Grandes Ligas, resolviendo todo tipo de picheos y mostrando porte y soltura con su guante en la tercera base, lo sitúan en otro nivel de calidad.
Probablemente el Bóer apuró un poco su debut el domingo. Quizá necesitaba de unas sesiones más de trabajo con picheo vivo, pero la tribu es un equipo angustiado, con urgencia de ganar. Además, tuvo un buen gesto, ponerlo a debutar en Granada.
Lo mejor de Cheslor no fue su defensa en segunda base –donde estuvo impecable-, ni su batazo hacia el jardín izquierdo atrapado por Jordan Pavón, sino su interés en compartir su talento con los fanáticos que no pueden ir a verlo jugar en Kansas City.
Hoy el Bóer ha extendido la invitación a sus seguidores. Incluso, los ha invitado al 2×1 –entran dos con un boleto en todas las localidades-. Así que ahí está una buena razón para moverse al Estadio Nacional y crear el mejor ambiente para acoger a Cuthbert.
Sería una buena forma de expresarle el agradecimiento también, a uno de los big leaguers nicas que más nos emocionó este año.