“Tienes que recordarlo: un beso sigue siendo un beso a medida que pasa el tiempo”. No hay película que me recuerde más las noches en casa con mis padres que Casablanca. Y será por eso que la canción As time goes by, que se tradujo erróneamente como El tiempo pasará, me acompaña en estos días con esa letra que habla de los besos que permanecen, como todas las cosas fundamentales: “You must remember this/ A kiss is still a kiss/ a sigh is still a sigh/ The fundamental things apply/ As time goes by”.
Y como confío en algunas palabras que se clavan en la conciencia, también confío en la verdad de esa canción. Ahora escribo mientras la canta desde otro tiempo la inconfundible voz de Natalie Cole (https://www.youtube.com/watch?v=V_ODd6oNgLo). La escucho para recordar esas cosas fundamentales de las que habla, en estos días poselectorales de Nicaragua y Estados Unidos.
Pienso también en un funcionario al que conozco y que no ha faltado a una sola rotonda, ni a un solo acto de apoyo cuando se le ha requerido a favor del comandante y su esposa, presidente y vicepresidenta. Entusiasta, entregado a la causa, es el primero que aplaude. Y todo ha sido mentira.
Cuando asiste a los actos del Frente, lo hace en son de burla, a sabiendas que es mejor sonreír y aplaudir que perder su puesto de trabajo. Sabe que las condiciones para que el voto sea un instrumento de cambio ya no existen. Así que es mejor burlarse y sobrevivir. Las lealtades promovidas por la escenografía de Rosario y Daniel son así de frágiles. Y a eso le llama “vivir en modo güegüense”.
Hay esa frase irritante de las abuelas nicaragüenses. Irritante para quien reconoce que tienen razón cuando dicen que “el tiempo perdido los santos lo lloran”. No sé si los santos llorarán lo que pasa en Nicaragua, pero de lo que sí estoy seguro es que la democracia y el desarrollo institucional de este país hacia el progreso y hacia la mínima posibilidad de un mayor bienestar y justicia social está perdiendo todo el tiempo del mundo.
Un abogado de Derechos Humanos que luchó contra la dictadura en su país me dijo una vez que la democracia suele desencantar si no trae la prosperidad, pero solo aquel que vive bajo una especie de ley marcial, o bajo una dinastía, en “modo güegüense”, sabe lo que cuesta recuperar después el tiempo perdido de la democracia.
A mí, en particular, me duele el tiempo perdido de la educación pública, que ha caído a un nivel de farsa y es una de las peores humillaciones que las autoridades infligen al pueblo nicaragüense.
Casi cuarenta años de dictadura, más de diez años entre revolución y guerra civil, 16 años de un apunte de democracia neoliberal y muchas veces corrupta, y otros 15 años más de los Ortega-Murillo. Y aunque parezca mentira, muros más fuertes y altos han caído más rápido. Pero será una tarea ingente de héroes en busca del tiempo perdido.
La brújula para encontrarlo creo que está en las convicciones y en las palabras de acero que aún no se caen oxidadas. Por eso, se necesitan canciones como las de Casablanca o cualquier otra que nos recuerde que los besos, como todas las cosas fundamentales, siguen ahí a medida que pasa el tiempo. Y a ellas hay que agarrarse contra viento y marea, mientras pasa este tiempo. Y eso también lo veremos.
El autor es periodista español.
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