Hipercolesterolemia

Martha Justina González, máster en nutrición.

Obesidad y diabetes tipo 2

El abuso en comer alimentos ricos en azúcares y harinas refinadas, elevan mucho la concentración de glucosa en sangre

Esta vez escribo desde la Ciudad de México, he venido a un curso sobre obesidad, estoy estudiando para tener mejor comprensión de la relación de esta enfermedad con la diabetes y brindarles atención más integral a mis pacientes.

¿Por qué la obesidad conduce a diabetes tipo 2? Normalmente, después de comer se eleva la concentración de glucosa en sangre, para bajar ese nivel de glucosa, el páncreas secreta la hormona insulina, necesaria para que la energía contenida en los alimentos sea aprovechada por las células del cuerpo. El abuso en comer alimentos ricos en azúcares y harinas refinadas, elevan mucho la concentración de glucosa en sangre.

El consumo de estos alimentos provoca cierta “adicción”, que conlleva al páncreas a producir insulina menos eficiente para realizar su función, o bien produce cantidades insuficientes, lo que se conoce como resistencia a la insulina, intolerancia a carbohidratos o pre diabetes, dando lugar elevaciones de la glucosa. Condición que genera sensación de cansancio y hambre, porque el azúcar se queda en la sangre, el cuerpo no recibe la energía de los alimentos.

Por la fatiga, la persona no realiza actividad física, entrando en el círculo vicioso de sedentarismo y comer muchos alimentos que no son saludables. Si esta situación se prolonga por mucho tiempo, el páncreas se agota, deja de producir insulina y la persona debuta como diabético tipo 2.

Además de la intolerancia a la glucosa y diabetes tipo 2, la obesidad se relaciona, de manera directa, con hipertensión arterial, colesterol malo y triglicéridos altos, colesterol bueno bajo, enfermedad cardiovascular, problemas osteomusculares (huesos y músculos), apnea obstructiva del sueño, insuficiencia venosa, enfermedades digestivas, algunos tipos de cáncer y alteraciones psicosociales. Las consecuencias son disminución de la esperanza y calidad de vida. A partir de los datos de un estudio importante, se estima que la expectativa de vida se reduce 7.1 años en mujeres y 5,8 años en varones.

Si bien es cierto que existen muchos factores genéticos relacionados con el apetito, las preferencias alimentarias, obesidad y diabetes, la medicina basada en evidencia ha demostrado ampliamente que los hábitos saludables de alimentación y la práctica regular de actividad física pueden evitar o retardar el desarrollo de ambas enfermedades.

Se trata de establecer horario de alimentación e incluir diariamente el consumo de frutas, vegetales, almidones integrales (avena, arroz, pan, pasta), frijoles, proteínas de origen animal y grasa de origen vegetal en las proporciones adecuadas, así como evitar comidas no nutritivas, que aportan calorías vacías como las frituras, panes blancos, reposterías y comida “chatarra”.

El ambiente “obesogénico” en que vivimos parece ser el mayor responsable de la pandemia de obesidad. Se requiere de la implementación de políticas de salud pública que incluyan todos los sectores involucrados: producción agropecuaria, industria alimentaria, comunicadores sociales, sistemas educativos, gobierno tanto nacional como municipal, organismo no gubernamentales, Policía Nacional, etc.
A fin de crear condiciones que permitan modificar ese ambiente “obesogénico” para que las nuevas generaciones no sigan cargando con el alto riesgo de adquirir estas enfermedades.

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