Muchas voces se pronunciaron por la elección del silencio. El mutis en paradoja articuló el trueno de una protesta. Fue mejor según el balance de las opiniones comprobadas en el terreno, liberadas de la verticalidad partidaria, la decisión de mecer a la soledad en los corredores con el beneplácito de las “chinelas” al aire libre que tirarse a la calle. Protestar o votar. Aún no se conoce ninguna declaración oficial sobre el grado de abstencionismo. Sin embargo la hubo. En ese sentido en una elección calzada por la talla presidencial siempre emerge el ganador. Esta vez no fue una persona sino una actitud porque contribuyó a opacar el triunfo del Frente Sandinista de Liberación Nacional que hubiese tenido mayor credibilidad si no hubiera incurrido en el equívoco de anular a la oposición. Antes urdía la imaginación, maquinaba la especulación, ahora ya definido el proceso puede afirmarse el peso que tuvo la ausencia en superior o menor escala, la oposición como debía ser: divorciada del simulacro, de la fantasía de las letras en la feria de la publicidad. Antes había presentimiento de la evasión, ahora pasa con dolor en la garganta.
Queda la consolación de aprender de los errores si se quiere ser humilde y reflexivo, de haber congelado el surtido de las opciones para elegir el 6 de noviembre. Sin embargo no todo se ha perdido. La vida sigue pero su continuidad depende de poner la mirada en el sol del futuro, en las ansias del porvenir. Los gobernantes electos deben estar acompañados por la recapacitación.
Los hechos fueron consumados aquel domingo inundado de expectativas pero pueden enmendarse en ritmo con la conveniencia nacional a través del diálogo y todos los recursos apetecidos por el pan bondadoso de la civilización en el que hay instituciones internacionales, una de ellas la apelada OEA cuyo principal funcionario Almagro está a punto de ingresar por la puerta grande.
Todo puede hacerse ahora con la venia de la aplastante mayoría en la Asamblea Nacional, la reforma a la Constitución, el llamado a una Constituyente. Creo que desde hace tiempos se viene rayando en el camino la ruta del partido único. El pluralismo no se concibe bien en el criterio del poder. Su exclusión oficial puede advertirse algún día si se toman en cuenta los síntomas que la anteceden. Está en la agenda la consolidación del poder con la disponibilidad de valerse de todas las herramientas. La idea ha sido manifestada más de una vez salvo que las circunstancias sean un factor para el impedimento. Todo depende de la evolución en el tiempo, de las variables agudas del conflicto político, de la conducta de una oposición que tiene el agravante de estar partida en fragmentos diminutos, incapaz de ser el cuerpo unido y sólido que preocupe al Gobierno, motivación para que el barco vaya tranquilo sobre las aguas pasivas. Pero está quebrantada por la terquedad de ser egoísta, de insultarse ella misma incluso con un lenguaje que no calza con los principios de la cultura política.
Mientras tanto brille la paz en Nicaragua, el ritmo creciente de la economía, la estabilidad primordial, el entendimiento recíproco, la necesidad de que la pobreza salga del subsuelo y aflore en la superficie de la dignidad humana. Las recientes elecciones han puesto en circulación una tarjeta que invita a la unidad.
El autor es periodista.