Humberto Belli Pereira

“No nos manchamos el dedo”

Ayer fueron las elecciones nicaragüenses. Mañana las norteamericanas.

Cronológicamente las separan dos días, política y culturalmente un abismo. Mañana los votantes norteamericanos tendrán que decidir entre dos candidatos ampliamente rechazados, tanto que muchos hablan de escoger entre el malo y el peor. Pero al menos podrán elegir entre ellos. En la elección nicaragüense no pudimos elegir porque sacaron de la contienda al partido opositor más importante, y porque se dejó el conteo de los votos en manos de una mafia electorera, única en Latinoamérica.

Nicaragua, gracias a Ortega, es el único país del continente donde los votos del electorado no cuentan. Aún en la Venezuela de Maduro, con todo y sus abusos legales y autoritarios, la oposición ganó dos tercios de la Asamblea Nacional en los últimos comicios legislativos. En Bolivia, otro país del Alba, el presidente Evo Morales perdió por estrecho margen un referéndum para permitir su reelección. En Argentina Kirchner perdió por otro estrecho margen contra su contrincante Macri. En Perú Fujimori perdió ante Kuczynski por menos del uno por ciento. En todos estos casos los conteos electorales han reflejado fielmente la voluntad de los ciudadanos sin que nadie los impugne.

Antes del regreso de Ortega al poder, Nicaragua había tenido un buen sistema electoral. En 1990, bajo gran supervisión internacional, la oposición derrotó al Gobierno. Similares elecciones libres y competitivas tuvimos en 1996, 2001 y 2006. Mas tras la subida de Ortega al poder el Consejo Supremo Electoral (CSE) cayó totalmente en sus manos y orquestó el escandaloso fraude electoral del 2008 —que llevó a Estados Unidos a suspender la Cuenta del Milenio, y el del 2011—. El sistema electoral nicaragüense fue, y ha sido, ampliamente criticado por la OEA, la Unión Europea y otros organismos. La Conferencia Episcopal, consciente de esta incompatible con la democracia, se reunió con Ortega en mayo del 2014 y lo exhortó a cambiar la composición del CSE y garantizar elecciones libres y transparentes. Todo fue en vano. Ninguna concesión y peor: en mayo de este año, saltando encima del CSE, Ortega anunció su rechazo a las observaciones y después sus operarios en la Corte Suprema de Justicia (CSJ) sacaron del juego al Partido Liberal Independiente (PLI), partido que en las elecciones anteriores había sacado el segundo lugar.

Las elecciones nicaragüenses se han vuelto ahora en una triste farsa que no legitima nada. Las cifras del CSE, manipuladas secretamente al abrigo de la no observación, no reflejan la voluntad popular, sino los cálculos políticos de sus operadores. Nunca podremos saber cuántos nicaragüenses votaron libre y espontáneamente por Ortega, por Maximino o por cualquiera otro de los zancudos. Si fuese cierto que el primero goza del respaldo de más de dos tercios de los nicaragüenses, ¿cómo es que no permitió la observación? ¿Acaso un candidato popularísimo que estuviese en su sano juicio podría haber objetado a que verificasen su victoria observadores independientes?

Lo falso de nuestras elecciones explican lo deslucidas que fueron. Lo hacía ver magistralmente Sergio Ramírez en su artículo Elecciones en extinción (LA PRENSA 3 de nov.): nada de debates, nada de plataformas ampliamente discutidas, nada de ruidosas manifestaciones de fuerza. Mañana, tras vitriólicos debates, el voto de los norteamericanos decidirá cómo se inclina el país en temas muy importantes; su futura CSJ, sus tratados internacionales, sus políticas migratorias, etc. En las elecciones nicaragüenses nada se debatió porque nada estaba en juego. Es momento de honrar a los millares de nicaragüenses que rechazaron la farsa y no se mancharon ni el dedo ni la conciencia.

El autor fue ministro de Educación en el gobierno de doña Violeta Barrios de Chamorro.
[email protected]

COMENTARIOS

  1. Ramiro
    Hace 10 años

    No nos manchamos ni el dedo, ni la conciencia.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí