Melvin Sotelo Avilés

Ortega y la OEA

La negociación con la Organización de Estados Americanos (OEA) es una estrategia de Ortega para que este organismo facilite su intermediación con los Estados Unidos (EE. UU.) para ganar tiempo y minimizar la posibilidad de que el Senado apruebe la Ley Nica Act este año o el próximo.

Ortega, a diferencia de finales de los años setenta y de la década de los ochenta del siglo pasado, no tiene el apoyo internacional que le ayudó a contener la agresión directa de los EE. UU. contra la  revolución; por el contrario está aislado, difícilmente puede formar bloque de países ni de Latinoamérica ni de Europa que aboguen por su gobierno. Siendo casi seguro que la futura inquilina de la Casa Blanca será la misma que por irregularidades en el proceso electoral del 2008 cortó la Cuenta Reto del Milenio.

Para el gobierno de Ortega la OEA es vista como parte del engranaje de injerencia de los EE. UU. La Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac), creada por Hugo Chávez, tenía como propósito neutralizar la influencia de los Estados Unidos a través de la OEA hasta hacerla desaparecer, en el caso que se expandiera el Socialismo del Siglo XXI en Latinoamérica. Sin embargo, los gobiernos que comulgaban o veían con simpatía a Venezuela, en su mayoría han perdido fuerza o han sido sustituidos, lo único que le queda a Ortega es la OEA.

Es por eso que Ortega decide usar a la OEA para mandarle una señal a los EE. UU., ante la probabilidad de que el gobierno de ese país decida desconocer los resultados electorales, lo cual podría tener un efecto en cascada en la comunidad internacional, que daría más fuerza a la aprobación de la Ley Nica Act, y la alineación de los organismos de cooperación europea, lo que mandaría un mensaje negativo a inversionistas de esos países.

Acudir a la OEA por parte de Ortega, es reconocer el derecho de los nicaragüenses que se reunieron con Almagro. Pero también es ratificar que como signatario de la Carta Democrática debe cumplir con la democracia y el Estado de Derecho. En este contexto, la negociación no es con los EE.UU., sino entre los nicaragüenses sin exclusión alguna, y la OEA puede jugar el rol de garante.

La negociación entre los EE.UU. y Nicaragua deberá más bien circunscribirse en los asuntos de seguridad de ese país relacionadas con el involucramiento de Rusia en Nicaragua. El entendimiento entre los EE.UU. y Rusia está en un punto crítico. Putín es visto como la reencarnación de la antigua Unión Soviética, y por parte de los europeos como el zar del siglo XXI. En este sentido, el discurso hostil de Ortega hacia los EE. UU. y la Comunidad Europea, asociado con la política expansionista de Rusia en el reacomodamiento de la geopolítica mundial, probablemente contribuya a la imagen de Ortega de peón de Rusia en América Latina.

Señor Ortega:  tenga compasión por Nicaragua, el mejor aporte que usted y su esposa pueden hacer es deponer su actitud mesiánica, sacarnos de las patas de los elefantes, establecer relaciones de respeto y de fluido intercambio con los EE. UU. y promover un consenso nacional con las fuerzas políticas y económicas para que de una vez por todas haya paz, democracia y desarrollo sostenible.
De esa manera la Ley Nica Act será historia.

El autor es sociólogo. Autor del libro Ramiro Sacasa Guerrero. El Poder de Servir.

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