Lourdes Chamorro César

El funeral de la democracia

Mucho queda por decir sobre el tiempo de elecciones en Nicaragua, pero es tan yermo el terreno que se me dificulta la palabra. Mas la obligación patriótica de denunciar el atropello de un grupo de personas que ambicionan entronizarse indefinidamente en el poder no me permite callar, menos deponer el intento.

Parece mentira que estamos volviendo a vivir con lujo de detalles la imposición de una dictadura, ver la manipulación a la Constitución y cómo sin pizca de rubor, los que de ambición se alimentan, arremeten contra todo, sin sopesar las consecuencias.

Y aunque en estos momentos, la sociedad está paralizada o entumecida, o en algunos casos acomodada, podría llegar el tiempo donde la gota rebalse y la dignidad despierte. Entonces, ¿qué pasará cuando se agoten los espacios pacíficos?

Falta poco para el 6 de noviembre. Lo veo venir como si de unas honras fúnebres se tratase; porque ese día, oficialmente, le echarán la última palada de tierra al cuerpo inerte de la democracia; aquella que vimos nacer, dar unos cuantos pasos, y que ahora agoniza.

La fosa está lista. El terreno preparado: silencio, indiferencia, intimidación, impotencia, desesperanza, sumisión. El resultado de la farsa electoral está definido desde hace muchas lunas, y si es cierto que las urnas estarán instaladas y los padrones electorales se llenarán con nombres hasta de nuestros muertos, el proceso no deja de ser una farsa, una burla para todos y cada uno de los nicaragüenses. ¡Aires de duelo traen los vientos!

Rótulos con la imagen de los nuevos monarcas que desde hace unos buenos meses “adornan” las calles, carreteras y que ahora aparecen hasta en recintos públicos, como si de un mensaje subliminal se tratase, nos han estado anunciando en alta voz y a colores, el futuro que le espera a toda una nación, bajo un régimen inconstitucional, autoritario. Y me pregunto sobre lo que estarán pensando o sintiendo. Me pregunto si están conscientes de sus acciones y omisiones. ¿O será que tanto poder acumulado, ciega? ¿Acaso no les preocupa la reacción de un pueblo descontento, sometido, abusado, burlado y desesperanzado?

Imposible dejar de evocar aquella parte desgarrada de nuestra historia que ellos mismos escribieron.

En dichos rótulos, aparecen sonrientes, pintorescos, vestidos de fiesta. ¡Y es que están de fiesta! Y mientras el 6 de noviembre ellos celebren la continuidad de un régimen dictatorial y brinden con la copa en alto proclamando obsoletas consignas, la mayoría de los nicaragüenses, que creemos en la libertad y el respeto a los derechos humanos básicos, que exigimos igualdad ante la ley, que queremos elecciones libres y equitativas, que sentimos la necesidad moral de heredar a las generaciones futuras los principios y valores de una sociedad democrática, estaremos de duelo.

Mientras llega ese día, imagino el escenario de los recintos electorales en cada rincón de la patria:

Para algunos, no hay alternativa ni excusa que valga para dejar de asistir al funeral. Llegarán temprano a depositar el voto, quizás cabizbajos y melancólicos, obligados por la necesidad de llevar el pan a sus hogares. Hay mucho en riesgo para no hacerlo.

A la vez que muchos guardaremos nuestro derecho a votar, en espera de verdaderas elecciones.

Los beneficiados con los escasos programas sociales ¿marcharán a plena luz del día, con rótulos de apoyo a la nueva y recién instalada monarquía criolla? ¿Y el padrón electoral quedará corto en papel, porque mandarán buses con ciudadanos candorosos, a depositar su voto a cambio de una lámina de zinc, un boli y un nacatamal?

Los privilegiados convencidos de que el país está bien aunque sepulten a la democracia, ¿llegarán de madrugada y se cruzarán en el umbral del recinto con los muertos, obligados a votar cuando el crepúsculo del atardecer se confunda con la misma noche?

Ese día no me vestiré de negro rígido, sino de azul y blanco, y cuando esa última palada de tierra me hiera en lo más profundo del alma, me colmaré de esperanza y fe. Esperanza, porque creo en la resurrección. Fe, porque creo en la dignidad de cada nicaragüense. Porque sé que tarde o temprano volveremos a ver el sol. Un sol que nos abrace a todos.

La autora es escritora.

COMENTARIOS

  1. Michael
    Hace 10 años

    Felicidades, excelente artículo.
    Un poema para el alma y alientos de esperanzas para nuestra patria.

  2. El Patriota
    Hace 10 años

    «por la necesidad de llevar el pan a sus hogares»
    El Poder para cambiar las mentes está en los empresarios.

  3. Edmund Dantes
    Hace 10 años

    Es significativamente refrescante al cerebro y al espiritu estas lineas de Lourdes. Mucho me recuerda la frase de «cuando el ultimo legitimo ciudadano nicaraguense abandone el pais, no olvide traerse la bandera». Cuantos habremos empapados en democracia, ciudadania y civismo, que nos indigne y nos lleve a defendernos en otros niveles ?

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