Aunque no generaban gran simpatía, era imposible ser indiferente ante los Dantos. Era un equipo con clase, con ritmo y equilibrio, pero sobre todo con personalidad.
Su principal argumento era su consistencia ganadora. No te agradaban por razones políticas, pero los respetabas porque hacían bien su trabajo. Eran eficientes.
Omar Cisneros, un osado joven que se metió al beisbol casi sin darse cuenta, parecía el mánager perfecto para el equipo. Su espontaneidad y desparpajo relajaban al club.
Pero su fundamento era el balance en todas sus áreas. A los bateadores los lideraba Tomás Guzmán, el receptor y cuarto bate, rodeado por un grupo de cañoneros serios.
Julio Mairena, Danilo Sotelo, Berman Suárez, Marvin Solís, Franklin López, Jorge Pong y Oscar Gómez, quien me parece, personalizaba mejor a ese equipo. Serio en sus cosas.
El picheo lo encabezaba Luis Cano, tirador astuto. Más Pedro Centeno, Leonel Rojas y Joaquín Avendaño, quizá el mejor lanzador de los Dantos en su historia.
En otros momentos de la década de los ochenta, también estuvieron Marlon Abea, Sandy Moreno, Antonio Zárate, Ángel Zúñiga, Róger López y Julio Mendoza, por mencionar unos pocos.
En esa década (1980) los Dantos fueron a cuatro finales y ganaron tres. Fallaron ante Rivas (1982), pero ganaron a Granada (1985), Bóer (1987) y Costa Atlántica (1988).
La versión actual de los Dantos es diferente a la de aquellos años, pero es la mejor que ha mostrado el equipo del Ejército desde su regreso al beisbol superior.
Aquello de que “los Dantos son los Dantos” aún retumba en el recuerdo y amenaza con actualizarse ahora. Pero en realidad, estos Dantos de ahora, ¿son los Dantos? Ya vamos a saberlo.
El equipo de ahora reúne un buen centro ofensivo con Ronald Garth, Ofilio Castro, Juan Oviedo y Rafael Estrada, pero aun le falta fuego en los extremos a esa alineación.
La rotación abridora inspira respeto con Jorge Bucardo, Samuel Estrada y Gustavo Martínez, pero su bullpen levanta muchas interrogantes, al igual que su defensa.
Sin embargo, si atrapan el campeonato, habrán dado un paso valioso hacia la reconquista total de su fanaticada, que hasta ahora se ha mostrado indiferente.
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