Fernando Bárcenas

Nica Act y el error del MRS

Nadie puede decirle al MRS —ni a organización política alguna— cuáles debieran ser sus principios y, en consecuencia, cuál debiera ser su táctica. Pero, ello no exime que se deba evaluar los efectos de la táctica de dicha organización, a la luz de los intereses nacionales.

El sandinismo en todas sus variantes tiene el grave defecto de carecer —hasta la actualidad— de un sustento teórico. Los poquísimos documentos elaborados por el sandinismo, tanto en la etapa de lucha guerrillera como desde el poder, apelan únicamente a la disposición subjetiva para luchar con heroísmo. En sus inicios, en contra de Somoza, y en el poder, contra la resistencia y la agresión yanqui. Pero, sin una evaluación teórica del carácter social de la revolución, del sujeto social de tal revolución, y de sus tareas estratégicas.

Pocos días antes de su muerte, en 1976, Carlos Fonseca escribió Notas sobre la montaña. En dicho texto, expresaba que el militante sandinista tenía un atraso político de la época de las cavernas. Y que tal atraso se reproducía en un círculo vicioso. Acto seguido, expresa la necesidad de que el centro de gravedad de la actividad sandinista resida en la montaña. Habla de las virtudes revolucionarias del campesinado (como si las cualidades físicas y el estoicismo y frugalidad del campesino, útil para el combate armado, fuesen equivalentes a la adhesión social a un programa de transformaciones económicas revolucionarias). Y anota que tales virtudes, para superar el propio letargo deben ir acompañadas del guerrillero o del estudiante sandinista proletarizado (a quienes, líneas antes, les atribuye un atraso político cavernario).

Obviamente, la dinámica revolucionaria, después de enero de 1978, se desarrolló espontáneamente por un auge explosivo de la lucha de masas, sin vínculo alguno con la actividad precedente del sandinismo. No obstante, la facción tercerista, al borde del colapso total después de varios intentos descabellados (de fracasadas tomas de ciudades), logró aprovechar dicho auge de masas espontáneo para multiplicar y esparcir una ofensiva táctica que, a pesar de las tremendas bajas y retiradas militares, se nutría continuamente de nuevos y abundantes combatientes, lo que precipitó la crisis de legitimidad de Somoza.

Durante la insurrección, delegaciones del sandinismo ayudaron al aislamiento internacional de Somoza, gracias a las denuncias de genocidio por los bombardeos y ejecuciones sumarias que la dictadura militar somocista llevaba a cabo para conservar el poder. Ese aislamiento tenía como fundamento estratégico el hecho que en el ámbito nacional se perfilaba una alternativa de poder, que conservaba la iniciativa de la salida patriótica.

Es decir, el quid del análisis radica en que las fuerzas nacionales combativas conservan la iniciativa de la solución estratégica del enfrentamiento (pese al pacto desastroso entre William Bowdler y los hermanos Ortega, que intentó, sin éxito, ceder dicha iniciativa estratégica a Estados Unidos).

La derrota electoral de 1990 hizo que espontáneamente salieran a flote contradicciones internas en la burocracia partidaria sandinista, y que las distintas fracciones, sin formación teórica, se realinearan en torno a diferencias tácticas para acceder nuevamente al poder. Al frente de las asonadas, Ortega consiguió atraer a las bases cavernarias a las que aludía Fonseca. El MRS, en cambio, optó por abrazar la ideología liberal, democrática burguesa.

La anulación de los últimos resquicios de democracia, por obra insensata de Ortega, llevaría a la crisis política del MRS, concebido como partido electorero (de modo, que un simple decreto judicial de la burocracia orteguista lo deja sin línea política).

En tales circunstancias, el MRS preside delegaciones ante el congreso de Estados Unidos y la OEA, denunciando al régimen orteguista por el atropello a la democracia representativa.

El quid del análisis radica, no en señalar que estas delegaciones del MRS pudieran convencer a los congresistas norteamericanos que promovieran la Nica Act, sino, en que el MRS ha puesto la iniciativa sobre el rumbo del país en manos del injerencismo internacional, sin  una alternativa nacional de poder democrático, producto del auge de la lucha de masas nicaragüenses.

La falta política inexcusable radica en solicitar la iniciativa internacional contra Ortega, sin conducir una lucha nacional en contra de la dictadura, capaz de abrir paso a una victoria democrática, estratégicamente independiente de las potencias injerencistas.

El autor es ingeniero eléctrico.

COMENTARIOS

  1. el carolingio
    Hace 10 años

    Es interesante su articulo y la mayoria de sus escritos los he catalogado igual. No soy comunista ni voy con los burgueses. Aplaudo sobremanera los sistemas donde la libertad del hombre es primordial para que desarrolle todo lo que pueda.Alli esta el problema;esa libertad ha servido para que el hombre explote al hombre, y , contravenga los deseos de gente que odie eso por el egoismo. Marx mintio si alguna vez dijo que solucionaria eso

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