Adolfo Acevedo

LAPRENSA/ARCHIVO

Una nota sobre Nica Act

La aprobación del denominado Nica Act de manera unánime, por parte de la Cámara de Representantes de los EE. UU., parecería estar abriendo un nuevo capítulo en las relaciones entre Nicaragua y la potencia más poderosa del planeta.

La aprobación del denominado Nica Act de manera unánime, por parte de la Cámara de Representantes de los EE. UU., parecería estar abriendo un nuevo capítulo en las relaciones entre Nicaragua y la potencia más poderosa del planeta. Hasta ahora, la política oficial de la Administración del presidente Obama ha sido de una estricta no intervención en los asuntos de Nicaragua, no importa lo que estuviese sucediendo.

Si se confirma que esta aprobación unánime del Nica Act por parte de la Cámara de Representantes, después de un “briefing” del Departamento de Estado sobre su punto de vista acerca de lo que estaba ocurriendo en Nicaragua, es efectivamente una expresión de que en Washington los vientos están cambiando en dirección a políticas más duras y conservadoras —posiblemente no solo con respecto a Nicaragua—, entonces existe una legítima razón para preocuparse.

Para estar claros, el Nica Act, en caso de convertirse en Ley, no tendría un impacto inmediato sobre el Programa de Inversión Pública, financiado en una parte significativa por préstamos de los organismos multilaterales en cuyo seno el voto de los EE. UU. tiene un peso decisivo. Como lo han explicado los amigos de Funides, ya se han aprobado unos 800 millones de dólares en préstamos por parte de estos organismos, que serían desembolsados en los próximos años. Estos préstamos ya aprobados no estarían afectados por las disposiciones del Nica Act.

Sin embargo, el efecto sobre nuestra economía podría ser más drástico e inmediato que hasta cuando llegue el momento futuro cuando el voto negativo norteamericano congele la aprobación de nuevos préstamos. Si uno abandona el terreno de la especulación política, y analiza las cifras, se encontrará que en todos los casos el componente más volátil de la demanda agregada en una economía es la inversión del capital privado, doméstico y extranjero.

Con total seguridad, una situación de drástico endurecimiento de la política de la mayor potencia del mundo respecto a Nicaragua incrementará de manera muy acentuada los niveles de incertidumbre sobre nuestra economía. Cuando la incertidumbre en un país es muy alta, los inversionistas, en vez de inmovilizar su capital por tiempo indefinido en el mismo, normalmente detienen sus inversiones y adoptan una posición de “esperar para ver qué pasa”, hasta que finalmente el panorama termine de despejarse. Esto es lo que normalmente provoca una caída económica.

Esto no es especulación. Si usted lo pone en duda, revise las cifras y luego platicamos.
En Nicaragua existen otras tendencias, por sí mismas preocupantes, que estarían alimentando la incertidumbre. La cooperación petrolera venezolana, que según los amigos de Funides llegó a explicar hasta el cuarenta por ciento de la tasa de crecimiento económico observada en los últimos años, está en proceso de colapsar, y ahora los análisis jurídicos de PDVSA confirman que la deuda derivada de esta cooperación es pública, no privada, y no está nada claro lo que va a ocurrir con ella.

Por su parte, en una economía pequeña y abierta como la nuestra, el valor de las exportaciones de mercancías acumula ya veinte meses consecutivos de caída, y las reservas monetarias internacionales netas del BCN nueve meses. El auge de la construcción parece haberse agotado y el boom del crédito se estaría debilitando ante la acumulación de deuda privada. Además, la posición financiera del INSS se ha venido deteriorando de manera acelerada e imprevista, lo que impondrá la realización de reformas draconianas y fuertemente impopulares, después de las elecciones. Para enfrentar la complicada situación económica futura se ha anunciado una revisión de las exenciones y exoneraciones.

Lo que es más, todo ello se produce en un contexto en que los agentes que detentan el poder y adoptan las decisiones en el país han convertido las tasas de crecimiento económico de entre 4.5 y 5 por ciento en su principal fuente de “legitimidad sustantiva”.

(*) Economista
[email protected]

Economía Nica Act Nicaragua archivo

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