Lentamente se está cocinando una nueva cultura nica: la de Neo y Matrix Revolutions. Estar acostaditos cómodamente mientras una imagen batalla en los sueños para despertar luego y que el mundo haya cambiado.
¡Por favor! Parece que los millennials escucharon mal los testimonios de los ochenta o les provocó tal trauma que decidieron enfrascarse en el trabajo para olvidar. Mientras los viejos políticos finalmente parecen cansados por sus desatinos ¿qué es lo que más suena? y deben pasar a retiro obligatorio o esperar un infarto, no se ven más que nuevos filósofos de Google que todos lo saben pero que participar en cualquier causa parece ser un pecado. Dormidos o cansados, lo cierto es que no se ve relevo o savia joven en estos jóvenes treintones que debieran asumir roles no solo profesionales.
Hasta fama política tienen algunos opinadores como “referentes de cambio” en las redes sociales, cuyos nombres a ciencia cierta no se conocen, tampoco su dirección, sus estudios académicos, su estado civil, su pensamiento religioso etc… en pocas palabras, están dotados de un blindaje especial que los hace inmunes a cualquier contra ataque debido a sus publicaciones, o perseguido por cualquier adversario virtual que sintiéndose manoseado en sus puntos de vista, o desnudado en cuanto a sus preferencias de la índole que sea, quiera desatar una pequeña cacería.
Los partidos políticos tienen que tener de lo mismo en sus líneas, adictos o expertos digitales que puedan interpretar las corrientes, tirar redes y atrapar con música a seguidores que abandonen sus cómodos sillones o habitaciones, y decidan correr tras un alegre mensaje que choque las emociones en un mitin inolvidable, colorido y hasta milagroso. Mucho se habla de que el padecimiento del siglo que es fatiga crónica y sueño son los culpables de la inamovilidad de la ciudadanía, a la vez llamada “clientela política potencial”.
Se sufre de sobresaltos producto de un sismo quizás, pero luego se retorna a la catalepsia rica de solo imaginar. Medianamente interesa el trabajo, un poco la familia y mucho el entretenimiento, fuera de ello: muy poco. Parece que se ha recibido alguna lenta y extraña anestesia a lo largo de los años: una invasión letal a las neuronas, de manera que es preferible una buena o mala película un fin de semana, que una invitación a participar de algún movimiento pro o anti.
Muchas quejas se escuchan de la parálisis de la juventud digital o millennials ¿muchachos nacidos en los ochenta?, pero de seguro no solo ellos portan el virus de la indolencia. En el presente movilizar multitudes en la causa que sea, no es fácil, y más difícil resulta cuando es un evento político, donde se pide pero no se da y aún más, cuando se habla de riesgos que hay que afrontar, ya nadie quiere dar la milla bíblica adicional; hacer política cero riesgos es la gran moda. Los pastores religiosos tan preocupados por el mundo natural quieren espiritualizar el gobierno, y ahora dicen que Dios los está sacando de las iglesias para nuevas batallas contra satán, pero ya no desde los púlpitos. ¿Será que una batería de predicadores online podrá tocar el corazón de la gente, de manera que se dé un redespertar político?
Estamos en época del premio mayor, en este camino “los medios justifican el fin”. Se piensa que la ética es un tema que debería desaparecer y la moral ni se diga; el premio de cinco años fuera de la “dura calle” es cautivador. ¿Son estos conocidos y ambiciosos ciudadanos que ya “jugaron mal” los responsables del desgano, de la decepción, del decaimiento de la fe de los nicaragüenses? o ¿serán también estos mismos ciudadanos que aspiran a ser gobierno, los “alfiles” de Dios, que con sus conocidos antecedentes estarían propiciando un nuevo despertar del pueblo?
El tiempo lo dirá. Lograr que los millennials, ese importante segmento de ciudadanos despreocupados y con cansancio crónico, a quienes hoy les tocaría el papel de impulsar cambios importantes en el país abandonen la comodidad de sus nidos, es una larga travesía y una compleja batalla que deberán librar los agentes políticos, pero nada es imposible.
El autor es escritor.
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