Rosario Murillo

Murillo es de condición extraordinariamente azarosa; un riesgo para la sociedad y para la estabilidad del sistema en general.

Que cuándo Rosario Murillo perdió esa cualidad que hace a los hombres y mujeres sentir compasión, afecto y comprensión por sus semejantes, es difícil precisarlo. Murillo es de condición extraordinariamente azarosa; un riesgo para la sociedad y para la estabilidad del sistema en general.

Su marido, Daniel Ortega, actual presidente inconstitucional de Nicaragua, quien ha decidido asumir fraudulentamente —por cuarta vez— la Presidencia del país, recientemente dispuso que su esposa, con quien ha cogobernado el país por años, sea su candidata a la Vicepresidencia en la farsa electoral que tendrá lugar el próximo mes de noviembre.

Muchos nicaragüenses y analistas políticos internacionales aseguran que los triunfos personales de Murillo se deben a su comportamiento extremo y a sus fríos cálculos políticos. Aún cuando, en 1998, su hija (hijastra de Daniel Ortega) denunció públicamente a su padrastro por los abusos sexuales a los que la había sometido desde los once hasta los veinte años de edad, Murillo tomó el lado de Ortega y acusó a su hija de mentirosa. ¡Realismo mágico es el género novelesco de nuestra bizarra realidad!

Lo que en los países avanzados se presta a actitudes patrióticas, en Nicaragua atiende a estándares políticos viciados. En los Estados Unidos (EE. UU.), por ejemplo, la presencia de la esposa del presidente es considerada un factor potencialmente coadyuvante en el triunfo de una Presidencia; ello conlleva la intención de velar por la calidad de la posición del presidente ante los ojos de la historia. Es la visión a largo plazo lo que cuenta. Esa responsable actitud de la primera dama, tal como evidenció la señora Nancy Reagan, esposa del presidente Ronald Reagan, es conocida en los EE. UU., precisamente, como el “Factor Nancy”; basado en la obra de un consejero presidencial de la universidad de Harvard en la que argumenta que un presidente puede sumergirse en problemas, en la ausencia de tal factor.
Cuando hay honor y principios en las actitudes humanas las expectativas crecen y los ejemplos sobresalen como positivas y provechosas lecciones. Así, en los EE. UU. su historia se engalana con la presencia e influencia de sus más destacadas primeras damas.

Eleanor Roosevelt, entre ellas, es generalmente considerada la más inspiradora e influyente. Fue la primera esposa de presidente en dar conferencias de prensa y escribir una columna sindicada. También fue la pionera en utilizar su papel como primera dama para avanzar causas de importancia nacional. Eleanor Roosevelt fue prominente activista y luchó efectivamente por los derechos civiles, por los derechos de la mujer y por los numerosos programas propuestos por su marido, el presidente Franklin Roosevelt, a través de su “Nuevo Acuerdo” con el pueblo estadounidense para ayudar a los más afectados por la Gran Depresión (1929-1939). Después de la muerte de su esposo, ella fue parte de la junta directiva de la Asociación Nacional para el Progreso de Personas de Color. Al final de la Segunda Guerra Mundial, tomó liderazgo en la formación de las Naciones Unidas (ONU). Ayudó a redactar la Declaración Universal de los Derechos Humanos y fue la primera presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU.

En contraste, el actual caso de Nicaragua recoge las peligrosas características dinásticas de la Argentina peronista.

En junio de 1973, Juan Domingo Perón regresó a su país, después de casi dos décadas de exilio en Latinoamérica y España. Perón le pidió al presidente y vicepresidente que renunciaran; se convocaron nuevas elecciones y Perón fue nombrado candidato presidencial. Este, a su vez, dispuso que su esposa “Isabel” fuera la candidata vicepresidencial. Solo tres meses después de su regreso a la Argentina, con su tercera esposa, Perón fue electo a la Presidencia por tercera vez. Unos meses más tarde Perón falleció y su esposa asumió la Presidencia.

La presidenta María Estela Martínez (conocida como Isabel de Perón), gobernó por menos de dos años, hasta que fue derrocada por el Ejército. Su gobierno se caracterizó por una extrema violencia, terrorismo de Estado, secuestros, torturas, asesinatos, inflación, censura, estatización de los medios y del combustible. Su propia amenaza de convertirse en “la mujer del látigo”, la define cabalmente.

Rosario Murillo bien podría ser el reflejo en el espejo de Isabel de Perón.

El autor es economista y escritor.

Columna del día Daniel Ortega Rosario Murillo archivo

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COMENTARIOS

  1. nicoya
    Hace 10 años

    Max.
    Qué piensas de la mejor posición de las mujeres de Nicaragua. En el contexto actual.

  2. monina
    Hace 10 años

    mas claro no canta un gallo, este hombre si q sabe escribir, este dictador de ortega esta desbaratando y retrasando nuestro pais nica, mientras mas ignorantes seamos, mas palo y miseria nos daran, escuchen a este senor, y hay q elegirlo presidente de nicaragua, porque los de la opocision estan quemados, huelen a carbon, y no los tienen bien puestos, ah pobre nicaragua se hunde en la miseria y la ignorancia por culpa de una familia sedienta de poder, pero yo les digo senores no hay mal de q dure 100 anos ni pueblo q lo resista,

    excelente articulo, senor lacayo, lo admiro y respeto como siempre, no se de por vencido, ilumine a nuestro pueblo ignorante de sabiduria,

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