Amílcar Espinoza

Vigilar y castigar

¿Qué representa el reglamento de ética del poder electoral?  Independientemente que fue declarado sin efecto legal demuestra la intencionalidad de un régimen que busca intimidar y disuadir cualquier acción social de parte de quienes estén dispuestos a desafiar al sistema.

El reglamento encarnaba los instintos de la perversidad de quienes lo diseñaron y quienes lo ejecutarían para institucionalizar un nuevo orden social que obligaba a renunciar al derecho de ciudadanía activa impidiendo alzar la voz para decirle al poder que el contrapoder es una realidad. Un mecanismo creado a partir del cinismo y la arrogancia, porque explícitamente deseaba imponer normas de obediencia, silencio y desmovilización individual y colectiva.

Los creadores de ese reglamento, sus operadores políticos y cómplices querían impedir el encuentro de toda la energía que fluye en las redes sociales porque hasta hoy solo pueden controlar los espacios públicos gracias a la intimidación y represión. Con acceso a internet se cuenta con algo más que simples herramientas de información y comunicación, porque surgen nuevos espacios de organización y expresión con autonomía y adaptabilidad. La posibilidad del encuentro entre redes sociales y sujetos con causas sociales y políticas crea espacios híbridos con capacidad de movilización, a eso temen los artífices del reglamento.

Se publicó un reglamento que mostró el apetito de quienes desean legitimar un nuevo orden partidario derribando las libertades. En nombre de la ética se impondría la disciplina y con nuevos poderes legitimados se podría castigar sin mayor contemplación, atentando una vez más contra la ciudadanía civil y política de los  nicaragüenses.

Nuevamente se trazaba la línea entre el bien y el mal, desde la irracionalidad de quienes gobiernan este país, olvidándose que la política es algo más que poder y conflicto. El régimen ataviado de grandiosidad y que no admite la existencia del contrapoder y la acción política del resto de ciudadanos y ciudadanas exhibió su nueva arma con la que enfrentaría “las desviaciones sociales”.

Con Vigilar y Castigar, Michele  Foucault nos enseñó que el poder diseña y ejecuta sus propias formas de “disciplinar” a las sociedades. Quizás eso nos permita entender el propósito del reglamento de ética electoral publicado en el Diario Oficial, La Gaceta, aunque posteriormente retirado debido a la “inobservancia” de los partidos aliados. Cuando en el artículo 2 subrayaron la necesidad de una campaña electoral “eminentemente educativa y formativa de los valores cívicos” nos advertían que el régimen tiene sus formas de “enseñar” y dar “aprendizaje” a quienes no obedecen y alteran el orden.

Luego de anular el reglamento, nos juraron en nombre de todos los santos de la corte celestial y de los que aún no han sido canonizados que en Nicaragua impera el “respeto irrestricto a la Libertad de Expresión en todas sus formas”, pero lógicamente sabemos que las nuevas realidades que brinda internet y que facilita la comunicación horizontal interactiva provoca constantes deseos de observar, vigilar y controlar, porque la libertad a la información y la comunicación les provoca muchos malestares.

Los partidos aliados se ubicaron en el lugar que les corresponde y desempeñaron la función asignada, se mostraron coherentes y categóricos, como sistemáticamente saben hacerlo, y celebraron la publicación del referido reglamento, sin que les temblara la voz. Porque son piezas insustituibles para las maquinaciones del poder, con las jugadas más finas para facilitar inexorablemente al jaque mate a la democracia. Están situados en el bando correcto de la historia, donde figuran los siervos intachables. Lo demás sale sobrando.

“Vivimos en la mentira y, si sabemos que te mienten, debes vivir instalado en la sospecha”. Humberto Eco, Número Cero.

El autor es Periodista y sociólogo

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