El concepto de alienación es conocido en los escritos de Santo Thomás de Aquino, quien lo graficaba como la posesión del cuerpo por parte del demonio, pero gracias al espíritu se lograba su liberación. Para Jean Jacques Rousseau, la alienación era cierta pérdida de libertad por parte del individuo en beneficio del bien general, expresado en el contrato social, en el que los derechos civiles y políticos debían ser respetados por los gobernantes.
Para Karl Marx, la alienación era vista como el despojo que hacían los capitalistas del valor agregado o de la plusvalía de los productos elaborados por los trabajadores, de la cual no tenían ningún control; lo que garantizaba el proceso de acumulación de capital y la pérdida de lazos entre los obreros, convertidos en una clase en sí, encerrada en su resignación; pero también se presentaba la otra cara de la moneda: una clase para sí, consciente de luchar por sus derechos hasta liderar grandes estallidos sociales e incluso revoluciones.
Políticamente, se da la alienación en los procesos de concentración y continuidad del poder en determinadas personas que de forma arbitraria deciden las reglas del juego del actual proceso electoral, lo que está conllevando la pérdida de libertad de un sector de ciudadanos a quienes se les está despojando de su vehículo a través del cual pueden votar y de su derecho constitucional a elegir y ser electo.
Esta manipulación del sistema político, por parte del aparato estatal, podría incitar en el sector de la población afectada, un sentimiento de resignación o un espíritu de rebeldía ante la privación de un derecho, debido a la decisión de una Corte Suprema de Justicia politizada y al comportamiento reiterativo del Consejo Supremo Electoral de acomodar los votos al capricho de quienes están en el poder y luego alienándolos de su diputación a quienes salieron electos, irrespetando el debido proceso y la voluntad de los votantes.
Si a quienes se les ha conculcado su derecho a elegir y a los representantes a ejercer su derecho, manifiestan que estas elecciones no son válidas, ¿será que además de abstenerse, desconozcan a las autoridades que salgan electas? El descontento puede desencadenar episodios de violencia, como sucedió en El Carrizo y Ciudad Darío, cuyos únicos responsables serán quienes gobiernan.
Por ahora se ha producido una ola de rechazo de parte de la comunidad internacional por la enajenación de ese sagrado derecho. Los Estados Unidos y la Comunidad Europea, que apoyaban económicamente al pueblo de Nicaragua, cortaron la ayuda de la Cuenta Reto del Milenio y de los 100 millones de dólares anuales para el presupuesto nacional, luego de las irregularidades del proceso electoral del 2008, lo que ha significado la pérdida de 800 millones de dólares en donación.
A lo que se le suma el peligro que la nueva administración de los Estados Unidos pueda bloquear los préstamos a Nicaragua solicitados en los organismos multilaterales y redefinir algunos beneficios preferenciales en el intercambio comercial, que de hecho se están manifestando en la carne y el maní.
La lucha contra la dictadura de Anastasio Somoza Debayle estaba orientada a restituir los derechos de los nicaragüenses. Sin embargo, hay quienes comienzan y comparan a la naciente dinastía de los Ortega-Murillo con la de los Somoza; argumentando que como familia quieren eternizarse en el poder y, al mismo tiempo, parafraseando a Marx, están despojando a un sector importante de la sociedad nicaragüense del derecho elemental a elegir.
El autor es sociologo, Autor del libro: Ramiro Sacasa Guerrero. El Poder de Servir. “Ni reelección, ni herencia del poder”.