Luisa Molina

El pueblo, el carnaval y el circo electoral

Telegrama urgente del señor Modesto Salmerón, al general Somoza García: “General, dígame usted con cuántos votos quiere ganar”…

Cualquier parecido con el actual “proceso electoral” es pura coincidencia. La historia nos revela que las elecciones en Nicaragua no han podido ser procesos políticos, verdaderas fiestas cívicas y menos transparentes, sino un medio formal para garantizar el poder a las familias que creen ser dueñas del poder y dueñas de Nicaragua. Se ha despreciado el papel de la democracia, la república, la soberanía y poder del pueblo quienes son los llamados con su voto a elegir o cambiar autoridades de acuerdo con sus preferencias.

Los partidos políticos en Nicaragua han convertido estos procesos electorales en verdaderos circos, caricaturas de un remedo democrático, que más que convocar al pueblo a que participe efectivamente lo han considerado un simple peón u objeto de sus más bajos instintos y viles intereses de tomar el poder para enriquecerse, mantener sus privilegios que van desde lo económico hasta la entronización política en el poder.

Desde la primera celebración del sufragio electoral efectuado posterior al asesinato de Sandino hasta la fecha no hemos participado en verdaderas fiestas cívicas electorales. Por ello las luchas intestinas, las guerras nacionales y de baja intensidad han sido parte en algunos momentos caminos obligados.
Nicaragua no ha cambiado y se ha mantenido en los primeros lugares a nivel mundial de países pobres, subdesarrollados, dependientes y sin perspectivas de salir del atraso crónico, de crisis económicas, políticas y sociales y medioambientales de manera cíclica.

Los procesos electorales no han contribuido a crear un balance y contrabalance de los poderes, a la creación de políticas sociales que favorezcan el desarrollo integral inclusivo de la sociedad y más que avanzar en la democracia con cada elección hemos retrocedido y perdido participación efectiva.

El modelo electoral (electorero), la cultura política tradicional, prebendaria, ha dividido al pueblo, ha creado grandes barreras que hasta hoy mantienen separado al pueblo, entre ricos y pobres, obreros y campesinos, hombres y mujeres, jóvenes y adultos, del campo y la ciudad, miskitos y españoles, Caribe y Pacífico.

El llamado proceso electoral actual ha sido diseñado, no para poner en juego el poder, sino que sirve para reafirmar el poder al autócrata de turno, para un nuevo período y que este de manera benévola le asigne sus cuotas de curules y cargos en el gobierno a quienes sean la mejor comparsa del carnaval. Pero hay un pequeño problema,  “son muchos los diablos y poca el agua bendita”, van a quedarse unos cuantos oliéndose el dedo.

Todo se ha comenzado a mover bajo un guion bien diseñado con tres años de antelación, se inició lanzando de manera masiva la carnetización de la militancia, documento fundamental que garantizará la “victoria” en el circo electoral.

El “partido” en el poder, calla, no se inmuta, se frota las manos y ríe sarcásticamente en sus reuniones, todo lo tiene cocinado con sus socios  aliados, cada uno tiene su papel, saben cómo bailar al son que les tocan, han venido diseñando y ejecutando el plan maestro para garantizar que nada cambiará después del circo de noviembre del 2016.

En Nicaragua las encuestas vaticinan con qué porcentaje de votos ganará  el autócrata, que ganará  arrolladoramente, no hay quién compita con su popularidad. Y pase lo que pase, cueste lo que cueste, no se puede entregar el poder, por lo menos en cincuenta años.

Hasta hoy no existen condiciones, ni confianza  política en las llamadas  autoridades electorales, para que la mayoría del pueblo se sienta motivada para ir a ejercer su derecho al sufragio universal, pues en las anteriores  elecciones su voto no ha sido respetado, no existe observación nacional e internacional que permitan tener garantía de transparencia electoral, se acerca el circo electoral.

Es el ciudadano, organizado y con visión crítica a través de una plataforma nacional en donde quepan personas y organizaciones con principios, donde no prevalezcan las ambiciones personales, ese día en que Nicaragua, como decía el doctor Chamorro,  volverá a ser República.

La autora es socióloga.

COMENTARIOS

  1. Jose Garcia
    Hace 10 años

    Yo voy a votar cuando, los votos de los únicas en el extranjero sean valido cuando hayga observación internacional, cuando Roberto rivas y sus secuaces no estén en el C.S.E cuando las votaciones TRANSPARENTES. Me da tristeza mi país como esta sometido bajo el mando de un violador de leyes ladrón y asesino.

  2. Leo solo
    Hace 10 años

    Aqui habria que agregarle el papel que ha jugado,en tiempos anteriores la iglesia catolica y en los tiempos modernos y con mayor presencia y beligerancia la denominacion evangelica,estos han llegado al colmo de autoproclamarse enviados por Dios o que este les ha manifestado su triunfo.

  3. Carlos Romero Guerrero
    Hace 10 años

    Este ensayo tiene párrafos que no están conectados en ideas secundarias para dar con una idea primaria. Para mi que hay que escribirlo de nuevo. Disculpen.

    1. Flor
      Hace 10 años

      Se apunta a escribirlo de nuevo? o solo critica sin aportar nada?

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