El sociólogo Melvin Sotelo analiza que “el país de las maravillas” que el presidente inconstitucional Daniel Ortega ha vendido desde que asumió el Gobierno en 2007 se ha empezado a desmoronar “y se ha pasado al país de la incertidumbre”, porque las acciones políticas en detrimento de la institucionalidad “ya golpean la estabilidad económica”.
El sociólogo afirma que hasta antes de que Ortega anunciara que no permitiría a observadores independientes el mensaje al exterior era que la buena relación entre el Gobierno y el sector empresarial restaba peso a la crítica política y permitía atraer inversión para que el país creciera en promedio un cuatro por ciento anual.
Sin embargo, Sotelo dice que el deterioro a la credibilidad del proceso electoral afecta al país de tranquilidad “vendido” hacia afuera y “ahora el sector privado tiene angustia” porque además el gobierno de Ortega ha tensado su relación con el principal socio comercial, que es Estados Unidos.
“El último de los golpes a la institucionalidad ha sido la asignación personal de Daniel Ortega a su esposa Rosario Murillo como candidata a vicepresidenta de la República, eso es nepotismo claro, del cual se culpaba al somocismo; pero además hablamos con esto de continuidad del modelo del gobierno de Ortega y de esta forma se pulveriza la democracia representativa en Nicaragua y estamos frente a lo que podemos llamar una dinastía institucional”, considera Sotelo.
Ortega, a través del control del poder judicial, electoral y la Asamblea Nacional, sacó a la Coalición Nacional por la Democracia —que integran varios grupos opositores— de participar en las elecciones generales del 6 de noviembre de 2016 y así se garantiza su segunda reelección continua.
Sotelo dice que estas acciones contra la oposición, el no permitir la observación nacional e internacional creíble y la candidatura de Murillo deben ser factores preocupantes, porque deslegitiman el proceso electoral.
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