Humberto Cuadra Morales

¿Energía gratis?

Señores distribuidores, ¿aceptarían energía “de gratis”?, No, gracias…

Los eruditos en temas de energía frecuentemente destacan la importancia de evitar que el país se duerma en el tema urgente de la inversión en generación energética. Sin embargo, los campesinos también opinan que “de grano en grano, se llena el buche de la gallina”.

¿Sería posible permitir que el consumidor —doméstico o empresarial— sea quien contribuya a paliar parcialmente la necesidad de cubrir la creciente demanda energética?

Actualmente el costo de producción de energía solar (fotovoltaica) ha bajado sustantivamente y ya está al alcance de los consumidores. Y me refiero al costo de producirla y no al de almacenarla en baterías, que sigue siendo alto. Pues resulta que, mientras haya sol, es posible aprovechar la totalidad de la energía solar captada y suplir el déficit energético con energía proveniente de “la calle” —del Sistema Interconectado Nacional (SIN)—, sin menoscabo del buen funcionamiento de los dispositivos eléctricos.

Sin embargo, hoy día el consumidor se encuentra con imposibilidad de poder generar suficiente energía solar para cubrir sus necesidades, porque a pesar que es posible lograrlo, lo impide el actual marco legal.

Existen dos posibilidades para el abonado, en cuanto a generar energía solar propia; la primera, consiste en que este consuma la totalidad de la energía solar que produce y la segunda es que a ratos produzca más energía de la que puede consumir y entonces el sobrante es exportado al SIN.

En este último caso, existen tres situaciones posibles. La primera es que el medidor de la distribuidora de energía esté diseñado para registrar la energía del SIN que es consumida por el abonado y restar, como crédito energético, la energía fotovoltaica producida en exceso y que es exportada al SIN. La segunda opción consiste en que el sobrante de energía producido por el consumidor pase “de gratis” al SIN, sin que la distribuidora reconozca el crédito antes mencionado. Y la tercera posibilidad consiste en que la energía solar sobrante y producida por el abonado, pase al SIN y sea registrada como un consumo de este último, lo que constituye un sin sentido; y este es el caso de Nicaragua.

O sea, que el sistema nicaragüense desincentiva a los abonados de invertir en energía solar, pues estos corren el riesgo de tener que pagar por energía no consumida. Contrariamente, los costarricenses reciben un crédito energético por el exceso de energía solar producida por ellos, lo que incluso les permite cubrir parcialmente la energía consumida durante la noche.

En resumen, mientras Costa Rica incentiva la producción solar de los abonados, Nicaragua hace lo contrario. Y ese espacio lo otorgan los ticos a pesar que ese país recientemente puso en funcionamiento la represa hidroeléctrica más grande de Centroamérica, El Diquís. ¿Será que ellos tienen la certeza que a mayor energía producida, mayor desarrollo tendrán?

Señores, el camino tomado por Costa Rica y por otros países del mundo, es el futuro de todos nosotros; pero, ¿Cuánto tiempo tardaremos en llegar ahí?
Para la distribuidora de energía, un primer paso podría ser que aceptara “de gratis” la energía solar producida en exceso por los abonados. Así la distribuidora ampliaría, “de gratis”, su capacidad de vender energía. Esto daría lugar a un abaratamiento de la energía en el país, lo que se traduciría en mayor desarrollo. Así el pueblo se convertiría en un concesionario más y no solo serían las beneficiadas las grandes empresas. De forma que ningún consumidor—productor temería por generar energía solar en exceso; mientras hoy día, estos se ven obligados a diseñar una capacidad fotovoltaica tal que, en ningún momento, su producción exceda su patrón o curva de consumo; aprovechando reducidamente esa fuente inagotable de energía. Pero si la ley lo permitiera, por ejemplo, una oficina de consumo constante de 8:00 a.m. a 5:00 p.m., perfectamente y despreocupadamente, podría cubrir con energía solar la totalidad de esa energía consumida.

¿Queremos o no que nuestras empresas compitan? ¿Estaría dispuesta la distribuidora a recibir energía «de gratis» para incentivar la producción de energía solar de particulares, o bien ir más allá y otorgar un crédito energético por el exceso de energía fotovoltaica producida por los consumidores?

El autor es ingeniero civil y administrador de empresas.

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