Pasadas las dos convenciones conviene analizar lo que dijeron los candidatos. Donald Trump ha sido enfático, él se apartaría radicalmente de la política bipartidista estadounidense de las últimas cuatro décadas; de colocar el respeto a los derechos humanos y la democracia entre las condiciones clave para las buenas relaciones de Washington con los países de la región.
Trump no insistiría en el respeto a los derechos humanos. “El americanismo, no el globalismo, será nuestro credo”, dijo Trump en su discurso de aceptación en la Convención Nacional Republicana el 21 de julio. “No creo que tengamos el derecho de sermonear” a otros países, le declaró a The New York Times el 20 de junio. Al preguntársele específicamente si eso significaba que considera más importante que un país sea un aliado a que sea una democracia y respete las libertades básicas, Trump respondió: “Necesitamos aliados”. Clinton, por otra parte, dijo que mantendría la tradición bipartidista que han apoyado —con diferentes grados de entusiasmo— presidentes demócratas y republicanos desde mediados de los años 1970, de exigir a los aliados y rivales de Estados Unidos que respeten las libertades fundamentales.
Trump repitió en su discurso la promesa de construir un muro en toda la frontera con México, y de deportar a millones de inmigrantes indocumentados, quienes dijeron “andan por ahí amenazando a ciudadanos pacíficos”. La agencia EFE reprodujo las declaraciones del analista Arturo Matute, de la organización International Crisis Group: “En el caso de que se restringiera y se fortaleciera el proceso de deportación de las personas (centroamericanas) que ya están allá, realmente afectaría muy gravemente a esta región y sería un peligro inminente”, apuntó Matute. Si las propuestas del multimillonario en materia migratoria se llevan a la práctica, como la deportación de los inmigrantes ilegales y la creación de un muro en la frontera con México, Centroamérica se vería “fuertemente afectada” por una disminución de las remesas y un aumento de la conflictividad y la tensión social. Ello “plantearía desafíos a la gobernabilidad de los propios países”, anotó.
Clinton dijo en su discurso de aceptación “no vamos a construir un muro”, “vamos a construir un camino hacia la ciudadanía para millones de inmigrantes que ya están contribuyendo a nuestra economía”.
En materia de comercio, Trump parece más dispuesto a renegociar o aniquilar el Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte, firmado entre Canadá, Estados Unidos y México y el recientemente firmado —pero aún no implementado— Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP).
Clinton, quien apoyó estos acuerdos comerciales en el pasado ahora se opone al TPP, se hizo eco de la dudosa narrativa de que estos acuerdos perjudican a los trabajadores estadounidenses, todo este cambio se debe a la presión ejercida por Berni Sanders.
Según los encuestadores, criticar los acuerdos de libre comercio es imperativo para ganar estados clave como Ohio y Pensilvania. No hay otro Donald Trump dijo Clinton en su discurso. “Este es” “exactamente” para los republicanos que desesperadamente esperan que Trump deje de atacar a miembros de su propio partido o deje de insultar a personas, como a los padres de un héroe caído en combate eso no va, Trump siempre va a ser Trump y los republicanos tendrán que decidir si votan o no por él.
La alarma es general entre los republicanos, el magnate se revolvió contra el establishment de su partido este martes. En una entrevista en el diario The Washington Post, el empresario neoyorquino rehusó respaldar a Paul Ryan y John McCain en las primarias de Wisconsin y Arizona.
Así están las cosas, pero todavía estamos largo del día de la elección.
El autor es abogado.