En la actualidad Román González es el enemigo público número uno entre los pesos pequeños, todos quieren enfrentarlo, aunque no estén preparados, pero con todo y eso, el que tenga “la cabeza degollada” del “Chocolatito” se sentirá elevado en el esplendor del boxeo mundial.
Hace 12 años Mike Downey escritor de Los Ángeles Times, redactó un artículo a una semana de la revancha entre Michael Carbajal y Humberto González, expresando que el boxeo necesitaba de caras nuevas, por eso el pago de un millón de dólares, la escogencia del Forum Inglewood como el lugar de la cita y la transmisión por primera vez en la historia en “pague por ver” de un combate de pesos pequeños.
Downey alegaba que Haglers, Hearns, Durán y Leonards eran historia en decadencia. Julio César Chávez invencible. Tyson tras las rejas, y Foreman estaba haciendo comedias de la situación en la cual estaba involucrado.
Eso fue en febrero de 1994, si se pensada de esa manera en una época capaz de producir figuras, el boxeo vive una etapa de crisis. Donde se abre el telón en todos los eventos, no hay una figura que impacte dentro del panorama, es ahí donde surge la oportunidad de que Román González con su boxeo antológico logre seguir proyectándose hasta encontrar el gancho necesario de arraigo entre los aficionados.
¿Qué tenía Carbajal y González para brillar de esa manera? Más allá de lo cuestionable que podría ser la técnica de ambos, poseían el coraje de terminar con saldo rojo cada asalto, a la gente no le importó que fueran dos moscas sobre una tarima, simplemente se guiaron por la impresionante demostración realizada ocho meses atrás en el primer combate.
Ahora Román tiene muchas cosas a su favor, no hay estrellas que muevan masas en este boxeo, ya es el mejor libra por libra del mundo, tiene a la televisora de mayor impacto en este deporte sobre sus hombros y busca el tetracampeonato. ¿Podrá “Chocolatito” marcar el panorama como lo hicieron Carbajal y González?