Virgilio Gurdián

Espíritu dariano del doctor Schick

Al conmemorarse el quincuagésimo, aniversario del deceso del expresidente René Schick  Gutiérrez (1909-1966), fallecido el 3 de agosto de 1966, es importante analizar algunas características de su personalidad. El expresidente jurista y liberal, de niño perdió a su padre y su señora madre doña Angélica dedicó todos sus esfuerzos para otorgarle con grandes vicisitudes su educación;  gran mérito tiene el doctor Schick quien habiendo nacido en la pobreza, sobresalió hasta llegar a la primera magistratura de la nación.

En una lectura de adolescente me quedó impregnado la parte final del mensaje que el mandatario leyó ante el Congreso Nacional, con motivo de rendir el informe de gobierno anual correspondiente, el que finalizaba así: “En la búsqueda del bien común como única y permanente vocación”. Esta frase representa y envuelve el espíritu  humano, de servicio y visión de nación que profesaba y sentía el doctor Schick.

Independientemente de las ejecutorias logradas por el expresidente en su vida pública, debe también destacarse su formación cultural, influenciada por grandes poetas (Cortés, Pallais, De la Selva) y sobre todo, por el inmortal Rubén. Habiendo nacido, crecido y siendo educado el doctor Schick en la ciudad de León estuvo en permanente contacto intelectual con la poesía y cultura de la Ciudad Universitaria.

Darío aunque no nació en León, desde niño allí forjó sus estudios y allí también se encendió el faro luminoso que lo habría de catapultar hacia la fama hispanoamericana; consideró a León eje y sede de su ser “y León es hoy a mí como Roma o París” escribía en su nostálgico poema Retorno.

El espíritu dariano que cobijaba a Schick se manifiesta, sobre todo, en el discurso que el día 30 de abril de 1966, pocos meses antes que la muerte lo sorprendiera, leyera ante una selecta concurrencia, al ser admitido como  número por la Academia Nicaragüense de la Lengua. Esta disertación la tituló “Rubén Darío y la política”, expresando al inicio de la misma que había dedicado parte de sus quehaceres como gobernante para escribir   este ensayo, “por el imperioso deber de estudiar una vez más, con ahínco y devoción, un aspecto fundamental de la obra de Rubén Darío”. En su intervención, el exmandatario hace un recorrido sobre la obra literaria de Darío y extrae con mucho atino el pensamiento político del inmortal bardo; es un estudio de alto quilataje cultural, que vale la pena leerlo íntegramente.

El exmandatario resaltó que al entrar  en tan prestigiado recinto ocupaba dicho escrito, “en el análisis de las teorías políticas de Rubén Darío maestro y moldeador de nuestro idioma, padre de nuestra cultura y héroe epónimo de nuestra nacionalidad”,  trasborda Schick, el pensamiento de Darío y escribe: “Darío el caudillo intelectual de América” y manifiesta “y más allá divisamos al Rubén liberal jacobino imprecando contra los poderes opresores del pensamiento y exaltando a Bolívar y a Jerez, quebrantadores de cadenas…” Y no olvidemos —escribe Schick— “al Darío filosofo, platónico,  al religioso penitente…”

El expresidente escribió en la referida disertación que en Darío, hubo una permanente preocupación por los problemas sociales y políticos y decía que había “que interpretar sus ideas y juicios sobre las graves cuestiones que afectaban en su tiempo a la Patria y a la humanidad”. Schick era del criterio que no podía ser de otro modo, porque la política en su más alto sentido va implícita en toda concepción del mundo y de la vida.

Según el exmandatario Darío consideraba la política en forma filosófica y moral. Para ello escribió el exgobernante que era preciso distinguir entre la política como teoría del Estado y arte de dirigir las naciones, de la práctica, siempre difícil, confusa y llena de sinsabores, de la política militante, siendo su criterio que Darío reaccionaba contra esta última. Escribe sobre esto el expresidente y refiriéndose a Darío: “Así exclama a los diecisiete años en el periódico sabatino El porvenir de Nicaragua, en el  artículo Sueños dorados en que remeda las ilusiones de diversos tipos de nicaragüenses: el de un politicómano nicaraguano: ¡Hemos triunfado! ¡Muera el Gobierno! Presidente ve que es perceptible en el poeta la sátira, contra los desordenados enconos políticos.

Al final de su disertación el expresidente marca el interés de Rubén para que los intelectuales logren la idea verdadera para que descienda al pueblo, para así enseñar la bondad de la vida; manifiesta Schick, que esto es el papel que asegura Darío a los intelectuales y a los artistas Como parte final de su intervención dice el doctor Schick: “Permanezcamos fieles a su mensaje, para que todos los nicaragüenses marchemos al fin, espíritu fraterno y luminosas almas, unidos por los senderos del bien, de la verdad y de la justicia.

El autor es magistrado de la Corte Suprema de Justicia.

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